Mostrando entradas con la etiqueta Exploradores del abismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Exploradores del abismo. Mostrar todas las entradas

30 de diciembre de 2007

Otra coincidencia más desde el abismo

Anteayer hablábamos de coincidencias personales con la lectura de Exploradores del abismo. Hace algo más de tiempo, también lo hicimos sobre Les Rita Mitsouko. Pues bien en la página 242 de Exploradores del abismo puede leerse lo siguiente:


Al decirle entonces que las relaciones entre Sophie y yo tenían la estructura mental de una historia de amor (por los celos respectivos de no saber que pensaba la otra persona, pues en esto han consistido realmente siempre los celos en el amor: no saber lo que piensa el otro; leáse a Proust para comprenderlo mejor), Sergi no quiso ponerse trascendente y me habló simplemente de una canción francesa titulada Les histoires d'amour que interpretaba el dúo Les Rita Mitsouko. En ella se cantaba esto:
"Las historias de amor terminan mal en general"

A continuación reproducimos el vídeo de la canción:




Pero ahora me doy cuenta que no acaban las coincidencias aquí, pues en el siguiente párrafo podemos leer lo siguiente:

Ese mismo día, al volver a casa me encontré por sorpresa con la respuesta de Sophie a mi frase de Julien Gracq. En esta ocasión no había texto, tan sólo una escueta fotografía con la cruz de una tumba. Enojado por la muda y solitaria cruz, decidí expulsar aquella imagen reenviándola a Sergi, que por su parte acababa de mandarme por e-mail la letra entera de la canción de Les Rita Mitsouko.

Cómo el improbable lector que haya leído hasta aquí sin duda conocerá, hace pocos días que el escritor francés Julien Gracq ha fallecido. Dejamos constancia de esta nueva coincidencia y, por otra parte, transmititmos nuestros mejores deseos con respecto a su salud a Catherine Ringer - la otra mitad de Les Rita Mitsouko -, Sergi Pàmies y Sophie Calle, los otros mencionados en estas líneas.

28 de diciembre de 2007

Coincidencias abismales

Escribe Enrique Vila-Matas en su recomendable última obra, Exploradores del abismo:
En la calle Gay-Lussac, se cruza Ribeyro con el colombiano que viajó en su camarote cuando regresó al Perú a bordo del Marco Polo. Entonces fueron muy amigos, vivían encerrados en un pequeño espacio, leían, fumaban y bebían juntos. Ahora, seis años más tarde, se cruzan como dos desconocidos, "sin ánimo de sobrepasarnos para estrecharnos la mano".
No es solamente la fragilidad de la amistad lo que sorprende a Ribeyro, sino la coincidencia de haberse cruzado en París, de haber estado a otra vez los dos, aunque sea por unos segundos, ocupando un espacio reducido. Lo que sorprende a Ribeyro es el infinito encadenamiento de circustancias favorables para que ese encuentro se produzca. "Desde que nos despedimos en Cartagena de Indias en 1958 hasta hace un momento en la calle Gay-Lussac, todos los actos de su vida y los míos han tenido que estar dirigidos, regulados con una precisión inhumana, para coincidir, él y yo, en la misma acera."
Yo leía estas líneas en el avión, de regreso de un breve viaje a París, precisamente. Después del aterrizaje, en ese momento de ingenuo caos que supone la descarga del equipaje de mano de los compartimentos superiores, noté que alguien me tocaba en el codo, dispuesto a girarme para disculparme por haber golpeado involuntariamente a algún otro viajero, me encuentro con Marta, una amiga a la que no veía desde, posiblemente, esos seis años que separaron uno y otro encuentro del escritor Ribeyro y su ¿amigo? colombiano. Nuestra charla fue breve pero cordial, nos pusimos al día de nuestras vicisitudes y de las de las amistades compartidas, pero no nos despedimos, interrumpí bruscamente la conversación para salir del avión, tampoco la ví en la jardinera que nos trasladó hasta la terminal del aeropuerto y la ví desaparecer cuando marchaba unos metros delante de mí, entre una multitud de viajeros cansados y deseosos de llegar a su hogar (o a su hotel). No pude menos que pensar que desde nuestro e impreciso penúltimo encuentro a este otro reciente, todos los actos de su vida y los míos han tenido que estar dirigidos, regulados con una precisión inhumana, para coincidir, ella y yo, en el mismo avión."
PS: Una original reseña - para no abandonar el tema de las coincidencias - de Exploradores del abismo, aquí: 1a parte, 2a parte.