29 de septiembre de 2017

El ejército de los sonámbulos



A los más que improbables lectores de esta entrada les he de reconocer de antemano que, desde hace ya algún tiempo, no poco, deserté de leer ficción del llamado “género histórico”; es más leer en alguna reseña o descripción de algún libro cualquier rasgo o característica que pueda emparentarse con el mencionado género me provoca el mismo y fulminante efecto disuasorio que leer “basado en hechos reales” al inicio de cualquier producción televisiva emitida en la sobremesa del fin de semana. Felizmente, existen excepciones como "Wu Ming" – “anónimo”, en chino, marca bajo la que se refugia un grupo de escritores italianos, anteriormente conocidos como "Luther Blisset" – que tras Manituana regresan con una nueva obra, una apasionante novela de aventuras en el contexto de la Revolución Francesa, más en concreto al período que arranca en 1793 – ese “noventa y tres” que precisamente daría título a la última novela de Víctor Hugo – y termina en 1795, que se inicia con la decapitación del rey Luis XVI, cuya liberación no consigue un grupo de leales a la monarquía y del que formó parte el más intrigante del mosaico de personajes que aparecen en las páginas de este volumen, que completan un actor italiano sin demasiado fortuna – también se alude a la muerte en aquel tiempo y exiliado en París del gran dramaturgo italiano Carlo Goldoni -, una madre soltera, viuda de guerra, militante de la revolución, o un médico humanista seguidor de la doctrina del “magnetismo animal” preconizada unos años antes por Franz Mesmer. Como resulta inevitable todos ellos confluirán en un último tramo del libro que responde plenamente a las expectativas que el hábil y cuidado desarrollo de la narración ha ido trazando. De lejos –e incluso a veces de manera cercana - los personajes verán o escucharán a/de personajes históricos: al rey y a la reina decapitados, a su hijo y heredero, a Marat, a Danton, a Robespierre… Pero ni unos ni otros son tratados en ningún caso como arquetipos o símbolos de algún colectivo en concreto, tampoco son héroes – cuánto tiempo hace que no leemos la palabra antihéroe, acaso gastamos el concepto de tanto usarlo - y si compartiesen algo en común sería, de uno u otro modo, su condición de víctimas en mayor o menor grado.

Wu MingEl ejército de los sonámbulos. Traducción de Juan Manuel Salmerón. Editorial Anagrama, 2017.

27 de septiembre de 2017

I am a hero



Adaptación del manga homónimo - que, aunque editado en castellano por Norma, desconozco - creado en 2009 por Kengo Hanazawa, que disfrutado un gran éxito de público tanto en Japón como también por aquí, I am a hero es una más que digna aportación al género – pues ya bien podría considerarse como tal – de zombies. Su protagonista es el típico perdedor, en este caso un ayudante de un dibujante principal de mangas, que ve como su prometedora carrera se ha ido al garete, lo mismo que la relación con su novia: un perdedor en el amor y en la vida, un personaje cinematográfico ideal . El ambiente en el despacho de dibujantes  ya es una buena muestra del sentido del humor que va a marcar la narración, incluso cuando la enfermedad que convierte a prácticamente todo el mundo en zombies sedientos de carne humana se propague por toda la ciudad: los primeros momentos de expansión de la enfermedad, la confusión, la huida en taxi de Hideo – el nombre del héroe – junto a la colegiala Hiromi en un taxi conducido por un zombi son notables. Los dos protagonistas emprenderán posteriormente trayecto hacia el Monte Fuji - pues la altitud impide el desarrollo de la enfermedad -, recalando en un centro comercial en el que encuentran a más supervivientes de la pandemia, pero también a numerosos zombies. Será en el aparcamiento de ese enclave donde suceda inevitablemente  el clímax de una película en la cual su director demuestra conocer – y aplica – los resortes básicos del género, destacando como ya se ha dicho un agudo sentido del humor y un especial y trabajado look de los muertos vivientes, entre los que destaca el del disciplinado saltador de altura. Acompaña la edición un folleto que incluye un artículo de Mike Hostench, subdirector del Festival de Sitges y un apéndice de las 10 mejores películas japonesas de zombies (selección, suponemos, que del propio Hostench), relación que cierra precisamente la película objeto de este comentario. Nada que objetar.

I am a hero, dirigida por Shinsuke Sato, está disponible en DVD y BR en edición de Mediatres. Y también puede verse en Filmin.

25 de septiembre de 2017

Intemperie



No pude con el original literario, me pareció excesivamente deudor de Cormac McCarthy, una mera traslación del universo del escritor norteamericano al paisaje castellano asolado por la sequía, la pobreza, la mezquindad… Me incomodaba más esa sensación de estar asisitiendo a un homenaje que lo que relataba el propio libro. No alcancé a pasar demasiadas páginas, lo reconozco. Creo, no obstante, que lo describía - al menos en esas primeras páginas que leí - Carrasco en su novela queda fielmente capturado en este primer trabajo en solitario del dibujante catalán Javi Rey – fogueado, sin embargo, en el potente sector del cómic franco-belga - que acierta plenamente convirtiendo la peripecia de un niño y un anciano cabrero en un western casi mudo – como en el original literario -, en el que destacan el cuidado en la elaboración de los pocos personajes que pueblan el desierto escenario, mediante un trazo simple, casi descuidado – aunque me parezca excesiva la traslación literal del alguacil como “demonio rojo de afilados dientes”, por ejemplo – y un ejemplar tratamiento del color, elemento éste muy necesario para una narración en la que paisaje y protagonistas rivalizan en dureza, cuando no directamente en violencia. Es notable también la influencia cinematográfica en la composición de las viñetas y será inevitable comparar esta adaptación con la que parece que se está haciendo a la gran pantalla. Completa el volumen una entrevista-conversación con Rey y Carrasco, en la que además de confesiones de admiración mutua, también se trata sobre el proceso de creación de este cómic.

Javi Rey (basado en la novela de Jesús Carrasco), Intemperie.  PlanetaCómic, Barcelona, 2016

22 de septiembre de 2017

The Churchmen (Primera Temporada)



The Churchmen es el título internacional de la serie de la cadena francoalemana Arte, cuyo título original Ainsi soient-ils es un juego de palabras con la expresión francesa Ainsi soit-ilasí sea -, equivalente al Amén y que suele utilizarse al finalizar determinadas plegarias. En principio, la serie describe el itinerario de cinco seminaristas de diferentes y variadas procedencias que ingresan en el Seminario de los Capuchinos en París. Pero también ilustra los avatares de la gestión del propio Seminario, a cargo del superior del mismo y su mano derecha, soberbiamente encarnados ambos por Jean-Luc Bideau y Thierry Giménez respectivamente. Por otra parte, también tenemos al presidente de la Conferencia Episcopal Francesa – un también excelente Michel Duchaussoy -, ya que el Seminario y, especialmente, su superior, son uno de sus principales problemas a la hora de su reelección en el cargo, para la resolución del cual no duda en recurrir al Vaticano y al propio Santo Padre, el cual, sí, también es un protagonista secundario – aunque importante, faltaría más - de la narración. La diversidad de líneas argumentales no debería disuadir al espectador, pues tanto los conflictos personales de los cinco seminaristas que ven como su vocación se pone a prueba casi continuamente como las intrigas palaciegas – especialmente, la campaña del obispo para ser reelegido, aspecto éste que demuestra la debilidad de la ficción francesa por el entramado de la comunicación política - y vaticanas son abordadas con sutilidad, sin echar mano de gratuitas provocaciones – pese a lo cual, algunos estamentos católicos franceses censuraron la serie – y resueltas con inteligencia y habilidad, aún con algunos altibajos, especialmente provocados por la bisoñez de sus intérpretes – entre los cuales, Clément Manuel, que más tarde será un monje en la abadía en la que se desarrolla buena parte de la acción de la estimable serie belga Ennemi Public -, que en nada interfiere en la notable calidad de una primera temporada que se cierra de una manera casi perfecta: cerrando - ¿definitivamente? - el periplo de algunos personajes y abriendo nuevos horizontes para otros: la segunda y tercera temporadas también están disponibles en Filmin. On reparlera.

20 de septiembre de 2017

Júlia Ist




Elena Martín, protagonista del film colectivo Les amigues d’Àgata, debuta en la dirección con esta película. Como aquel, éste es tanto un trabajo de fin de carrera como un retrato generacional. Por la habilidad con la que maneja unos recursos que es difícil imaginar que no han sido precisamente generosos, cuesta creer que estemos ante una cineasta debutante; en cuanto a la consideración de “retrato generacional” es más una definición, y tal vez y además, un injusto encasillamiento que la ambición real de Martín, por más de que se encargue de protagonizar – y muy bien - la cinta, además de dirigirla y co-escribirla arrancando más que probablemente de una experiencia autobiográfica. Pero lo que dibuja el film es antes un estado de ánimo, una sensación de extrañamiento de la protagonista que ya parece acompañarla en los primeros minutos en Barcelona, se hace más evidente durante su Erasmus en Berlín y de nuevo – y quién sabe si quizás definitivamente – a su vuelta a Barcelona, como muestra la parte final, narrada como el resto del metraje mediante pequeños,  puntuales y ocasionales momentos aislados que sirven perfectamente para iluminar con exactitud aquello que la directora desea siendo su rostro la herramienta principal aunque no la única de la que se sirve.

Júlia Ist, de Elena Martín todavía puede verse en algún cine y estará disponible en Filmin desde el próximo 26 de septiembre.


18 de septiembre de 2017

Crononautas



Siempre con el rabillo del ojo pendiente de futuras y lucrativas adaptaciones cinematográficas, dotado con un más que demostrado instinto para identificar actuales – y más importante aún, futuras – tendencias, Mark Millar ha escrito en esta ocasión un divertimento – no me cabe la menor duda que ha debido disfrutar mucho mientras lo hacía – sobre viajes, o más específicamente. sobre viajeros en el tiempo: Corbin Quinn y Danny Reilly, quienes tras probar una exitosa retransmisión televisiva de la batalla de Gettysburg para telespectadores actuales – quien sabe si este tipo de programas en directo animarían a las grandes cadenas que sufren ahora la competencia de las plataformas de pago por visión -, deciden acometer la aventura de trasladarse ellos mismos para obtener las imágenes de la arribada a América de Cristóbal Colón en 1.492. 

La cosa no funciona todo lo bien que debería y uno de ellos ha de partir a la búsqueda de su colega, quien, durante los escasos minutos presentes que tarda su amigo en dar con él, se ha convertido en amo y señor en diferentes espacios físicos y temporales, además de haber tenido tiempo para escribir “las mejores canciones de los Beatles y crear a Harry Potter y Breaking Bad”, o – detallea en absoluto menorwa – haber salvado a los Smiths de la partida de Morrissey o salir con una aspirante a estrella del cine llamada Norma Jean Baker. Este es el nivel. O lo tomas o dejas. Sin el encanto quinceañero y naíf de de las tres entregas de “Regreso al Futuro” de Zemeckis, y decididamente pasado de revoluciones, afortunadamente el creador de Kick-Ass encuentra en Murphy el cómplice quizás más adecuado para ilustrar unos alocados trasvases temporales a través de páginas y viñetas en las que conviven por ejemplo guerreros vikingos, espartanos y chinos con las legiones romanas y el ejército francés de la Primera Guerra Mundial junto a otras armas y vehículos actuales o provenientes de un presente no muy lejano…

Mark Millar, Sean Gordon Murphy, Crononautas. Panini Comics, Torroella de Montgrí, 2016.