27 de mayo de 2017

Denis Johnson (1949-2017)



"Mientras subíamos al autobús levanté la vista y me di cuenta de que ya debía haber amanecido, pero estaba tan nublado que no nos llegaba ni un rayo de sol. Estaba bien tener un cojín donde sentarse, aunque estuviera mohoso y rajado, pero yo no entendía la actitud risueña de Michael, el entusiasmo que mostraba entre aquella flota de autocares de lujo en ruinas, exportados de Malasia o de Singapur en lotes de chatarra del tamaño de buques de carga, estrangulados y aporreados para que soltaran unos cuantos estertores más, enfilando las carreteras con sus televisores rotos, sus cinturones de seguridad arrancados, y llenos de Michaels. Metimos nuestro equipaje en las rejillas de encima de los asientos y Michael se aseguró de que tanto Davidia como yo tuviéramos sendas botellas de agua y cajas de galletas de mantequilla Good Life. De algún tipo de iglesia situada en el edificio que teníamos detrás, en la segunda planta, por encima de los retretes públicos, nos llegaban cantos corales. Davidia se alisó la larga falda africana, apoyó la cabeza en un pañuelo doblado contra la ventana y se quedó dormida. Los pasajeros se acomodaron a nuestro alrededor, con los móviles pegados a la cabeza y hablando. Olían a alcohol, orina y a sobaco. Ahora Michael se colocaba entre ellos, retomando el manto de la pobreza africana, tal como hace el africano civilizado: relajando los hombros, calmando las manos y dejando que le caiga un velo sobre el corazón".

Denis Johnson, Los monstruos que ríen. Traducción de Javier Calvo. Literatura Random House, Barcelona, 2016.

8 de febrero de 2017

Divinas, Houda Benyamina



Esta película francesa, galardonada con la Cámara de Oro del último Festival de Cannes a la mejor ópera prima presentada dentro de sus secciones, se distribuye internacionalmente – Francia aparte -, a través de Netflix. La falta de espacio no da para reflexionar sobre el hecho de que sea un gigante norteamericano el que distribuya globalmente un film de la Francia de la “excepción cultural”, así como que haya sido financiado en parte por una institución de Qatar: ¿será el cinematográfico el próximo negocio objetivo de las monarquías del Golfo Pérsico, después de deportes como el balonmano o el fútbol? Centrándonos ya en Divinas, podemos decir que la carta de presentación de Benyamina es un buen ejemplo de primer trabajo tan ambicioso como bientencionado en el que se quieren tratar demasiados temas – la situación en la banlieue parisina, la falta de futuro de la juventud especialmente de los hijos de los inmigrantes, el peso de la tradición y la religión islámica, el despertar al amor, al sexo, en la adolescencia, la amistad juvenil. … -, algo que resulta muy agradecido para obtener galardones como el ya mencionado al inicio de esta reseña, pero que, en conjunto, acaban demasiado difuminados en un resultado global de una peripecia ya tantas veces vistas en películas de, por mencionar los primeros ejemplos que vienen a la memoria, Martin Scorsese, Spike Lee o – referentes más cercanos – Bertrand Tavernier o Mathieu Kassovitz: jóvenes sin esperanza – en este caso dos quinceañeras -, que sueñan con dinero (fácil), playas tailandesas y Ferraris que deciden embarcarse en el trapicheo de drogas a través de quien controla el negocio en su barrio – otra mujer de origen africano – antes de acometer una acción espectacular porque tal vez otro futuro pueda ser posible… y que desemboca en un final de denuncia, que incluso podría haber sido más contundente si todo lo mostrado – enunciado con anterioridad hubiese traspasado lo epidérmico.

7 de febrero de 2017

Mathias Enard, Brújula



El penúltimo Premio Goncourt se atribuyó a esta novela, escrita por un autor francés que vive en Barcelona y habla, dicen, un árabe perfecto. En esta ocasión no se trata de mil y una, sino sólo una larga e insomne noche en la que se evoca un compendio de historias, pero también de anécdotas, de nombres – algunos conocidos, otros no tanto - que ponen de relieve como las diferentes culturas de Oriente y Occidente más incluso que influenciarse, han convivido con naturalidad y no tienen por qué estar inevitablemente destinadas a enfrentarse. Franz Ritter, musicólogo orientalista, quiere escapar de la muerte y del dolor y para ello recurre al opio, a sus recuerdos y a sus querencias desde una Viena que en algún momento llegó a considerarse como la Puerta de Oriente. Desde su apartamento recuerda otro piso, aquel de París en el que el escritor iraní Sadeq Hedayat, autor de La lechuga ciega, se quita la vida, pero también la noche pasada al raso entre las ruinas de Palmira – ese escenario ya desaparecido, destrozado por la barbarie – en compañía de los otros principales protagonista de la narración, también orientalistas: Faugier y, especialmente, Sarah, de la quien Ritter está enamorado, quien busca hacerse un hueco en el mundo académico en el que Ritter ya está instalado. En esta novela francesa sobre la fascinación oriental, y particularmente árabe, resuenan los ecos del austríaco Bernhard y del italiano y germanista Magris, quienes son citados en más de una ocasión en un brillante texto que ha contado para su versión en castellano con la traducción cómplice de Robert Juan-Cantavella.


5 de febrero de 2017

La compassió, segons Onfray



"La compassió sovint impedeix pensar, mentre que pensar no impedeix la compassió. D'altra banda, es pot optar per una compassió continguda, privada, íntima i considerar indigne mostrar llàgrimes, crits, plors, sanglots, tot això en presència de les càmeres i dels fotògrafs. L'exhibició de compassió no és forçosament una prova de compassió, però és sempre una prova d'exhibició. Després de Rochefoucauld i els moralistes francesos, Nietzsche ens ha ensenyat a desconfiar de la compassió: sovint és una de les modalitats que adopta l'amor propi: Déu meu, que egoistes que són quan fan un espectacle del seu amor pels altres" Deixem aquí el narcisisme de la nostra època, que fa de l'exhibició del patetisme un valor superior a la facultat de pensar".

Cita extreta del llibre de Michel Onfray, Pensar l'Islam, Traducció de Josep Alemany, Edicions de 1984. Barcelona, 2016.

3 de febrero de 2017

Les témoins




Aunque en un principio estaba anunciada que se estrenaría con el título de Desenterrados, finalmente los responsables de la cadena Cuatro decidieron ventilarse – más que emitir, puesto que lo hicieron en un par de días – esta mini-serie francesa con un título todavía peor, Los desenterrados de Le Tréport, aunque cabe reconocer que pone de relieve uno de sus principales alicientes: el enclave geográfico de Le Tréport, en la Alta Normandía. Su clima inhóspito favorece que Les témoins – título original – parezca inspirarse más en la ficción criminal nórdica – con un enfrentamiento personal entre policía y criminal, muy en la línea de Jo Nesbo – que en el polar clásico francés. También cabe subrayar que ese género - o subgénero, como el improbable lector prefiera - televisivo, conocido como "nordic noir" se va expandido de manera rápida y abarca ya un generoso ámbito geográfica que va desde Estados Unidos a Europa Occidental, pasando por la producción televisiva del Reino Unido.

Entre los principales aspectos positivos que pueden destacarse de Les témoins está, como  ya ha quedado dicho, una atractiva ambientación, un original punto de partida – fallecidos recientes son exhumados y  colocados en pisos piloto evocando escenas familiares - y la actriz que incorpora a la encargada de la investigación, Marie Dompnier, toda una revelación. Por el lado negativo, cierta demora narrativa – podría haberse reducido incluso el número de episodios – y Thierry Lhermitte, el policía retirado que ha de volver al trabajo por un desequilibrado criminal que le interpela mediante sus acciones, demasiado frío y nada carismático, en especial en relación a su némesis. Aunque Lhermitte parece atenazado por algunos actos de su pasado, su rostro siempre parece sufrir los estragos de alguna cosa que ha bebido o comido y no le ha sentado nada bien.

Para el anecdotario, destacar la presencia, como jefa de policía, de Catherine Mouchet, la inolvidable Thérèse de Alain Cavalier…:







2 de febrero de 2017

La tentación de lo nuevo



"Quizás nosotros, los críticos, somos más sensibles a la tentación de lo nuevo que a la ley estricta de la equidad, que debería ser nuestra regla".

Extraído de Eric Rohmer, El gusto por la belleza, Editorial Paidós, Barcelona, 2000. La cita corresponde a la reseña que escribió Rohmer sobre The Big Sky (Río de sangre), de Howard Hawks (película a la que corresponde el fotograma que ilustra esta entrada).