8 de febrero de 2017

Divinas, Houda Benyamina



Esta película francesa, galardonada con la Cámara de Oro del último Festival de Cannes a la mejor ópera prima presentada dentro de sus secciones, se distribuye internacionalmente – Francia aparte -, a través de Netflix. La falta de espacio no da para reflexionar sobre el hecho de que sea un gigante norteamericano el que distribuya globalmente un film de la Francia de la “excepción cultural”, así como que haya sido financiado en parte por una institución de Qatar: ¿será el cinematográfico el próximo negocio objetivo de las monarquías del Golfo Pérsico, después de deportes como el balonmano o el fútbol? Centrándonos ya en Divinas, podemos decir que la carta de presentación de Benyamina es un buen ejemplo de primer trabajo tan ambicioso como bientencionado en el que se quieren tratar demasiados temas – la situación en la banlieue parisina, la falta de futuro de la juventud especialmente de los hijos de los inmigrantes, el peso de la tradición y la religión islámica, el despertar al amor, al sexo, en la adolescencia, la amistad juvenil. … -, algo que resulta muy agradecido para obtener galardones como el ya mencionado al inicio de esta reseña, pero que, en conjunto, acaban demasiado difuminados en un resultado global de una peripecia ya tantas veces vistas en películas de, por mencionar los primeros ejemplos que vienen a la memoria, Martin Scorsese, Spike Lee o – referentes más cercanos – Bertrand Tavernier o Mathieu Kassovitz: jóvenes sin esperanza – en este caso dos quinceañeras -, que sueñan con dinero (fácil), playas tailandesas y Ferraris que deciden embarcarse en el trapicheo de drogas a través de quien controla el negocio en su barrio – otra mujer de origen africano – antes de acometer una acción espectacular porque tal vez otro futuro pueda ser posible… y que desemboca en un final de denuncia, que incluso podría haber sido más contundente si todo lo mostrado – enunciado con anterioridad hubiese traspasado lo epidérmico.