"En cuanto a John Coltrane, uno de los tres grandes genios de la historia del jazz (dejo a su elección quiénes son los otros dos), creo que mi disco favorito de su extensa producción es Live at Birdland, una obra maestra tan deslumbrante que hasta le gustó a Philip Larkin, cuya idea del jazz era Benny Goodman. Jazz apasionado y apasionante que atraviesa y conmociona, perfecto equilibrio entre sensatez y locura, entre intelecto y lirismo, entre elegancia y fantasía."
Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con que compararlo.
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12 de marzo de 2011
Los dioses y la música de los dioses
Vale la pena leer el artículo que hoy publica Andrés Ibáñez en Abc Cultural y en el que ofrece su canon jazzístico personal. Pueden leerlo, mientras escuchan el "Live at Birland" de John Coltrane, del que Ibáñez escribe:
7 de noviembre de 2009
Siempre Bolaño

A Andrés Ibáñez, como a mí, nos alegra "la decisión (feliz) de la editorial Anagrama de publicar y republicar la totalidad de la obra de Bolaño". A mí también me alegra que tras varias tortugas un tanto grises e introspectivas, vuelva a alegrarnos la mañana del sábado con un artículo de un entusiasmo contagioso: prueba de ello es que me decida a romper el ya habitual silencio de este rincón. Escribe Ibáñez sobre Bolaño:
"(...)Las palabras, en este caso, son un medio ambiguo: cuantas menos palabras, más fuerza tendrá la imagen. Bolaño es un maestro en este arte de imaginar con toda claridad pero no decir. Es, en fin, un maestro en el arte de dosificar información y en el arte de insinuar, de prometer algo y luego nunca acabar de darlo, o darlo en pequeñas dosis que siempre resultan insuficientes. Es como el malvado vendedor de droga, que nos incita, que nos mantiene en un perpetuo estado de insatisfacción. Quizás por eso la lectura de sus libros produce una compleja gama de intensos placeres, pero no produce nunca felicidad. Y no porque sus historias sean tristes o desdichadas, sino porque las leemos siempre con ansiedad, a veces con impaciencia, a veces casi furiosos.(...)"
La imagen del escritor como vendedor de droga me ha recordado inmediatamente al tan tempranamente desaparecido Juanjo Fernández. Por lo demás, Ibáñez concluye de manera antológica su elogio sobre el escritor chileno, convocando a nuestro admirado Thomas Pynchon:
"(...)En esto se parece a Thomas Pynchon, aunque Pynchon hace ostentación de su rareza mientras que Bolaño finge, siempre finge, igual que finge en las fotos de sus libros: finge ser un colgado que va por ahí sin afeitar, que no tiene ni para un café y que <>, cuando en realidad es un maestro incomparable del arte de la narración. En estos momentos no recuerdo ningún otro maestro que me inquiete más, que perciba más lleno de trucos y de bromas privadas. Es fascinante, pero no es en absoluto de fiar. Es un genio raro, un genio con truco. Pero no sabemos cuál es el truco".
24 de diciembre de 2008
Cosas que hay que aprender
Así concluye el último artículo publicado por Andrés Ibáñez en abcd:
Vale la pena leer el artículo completo, creánme.
Está todo lleno de normas, y la vida es muy difícil. Para entrar en una pastelería, desayunar en un bar o entrar en un museo hace falta una rigurosa organización mental, grandes dosis de confianza en sí mismo, poseer una voz alta y recia y no tener temor a hacer el ridículo. Y nuestra vida se consume en estas minúsculas aventuras.
Vale la pena leer el artículo completo, creánme.
8 de noviembre de 2008
El pequeño Bruckner
Hoy es sábado, y toca leer a Andrés Ibáñez en ABCD. Mañana domingo haremos lo propio con Enrique Vila-Matas (nueva web). La semana pasada, Vila-Matas citaba a Ibáñez en su último artículo, Amigos que no duermen. Pero no perdamos el rumbo, hoy somos nosotros los que citamos al autor de El perfume del cardamomo, quien en su nuevo Comunicado de la Tortuga Celeste - todavía no está disponible el enlace -escribe:
"Bruckner parece muy grande porque recuerda (desde lejos y sin fijarse bien) a Wagner. Pero es muy pequeño porque lo que sucede en sus sinfonías no son sino los pensamientos de un hombre solitario que pasea por las aceras de Viena contemplando las nubes. Esta música gigantesca de unísonos grandiosos y timbales retumbantes es en realidad la música más íntima que se ha escrito nunca."
Ciertamente, pese a la monumentalidad de la música de Bruckner siempre me he sentido afectado de manera bastante íntima, algo que no me ocurre con frecuencia con Wagner. He recordado - porque se menciona en el artículo - el movimiento final de la 8a Sinfonía y he encontrado un vídeo en el cual, la World Philharmonic Orchestra, dirigida por Carlo Maria Giulini, que ilustra perfectamente aquello - especialmente a partir del final del quinto minuto - que describe muy acertadamente Andrés Ibáñez:
(Aviso: el final se corta abruptamente)
"Bruckner parece muy grande porque recuerda (desde lejos y sin fijarse bien) a Wagner. Pero es muy pequeño porque lo que sucede en sus sinfonías no son sino los pensamientos de un hombre solitario que pasea por las aceras de Viena contemplando las nubes. Esta música gigantesca de unísonos grandiosos y timbales retumbantes es en realidad la música más íntima que se ha escrito nunca."
Ciertamente, pese a la monumentalidad de la música de Bruckner siempre me he sentido afectado de manera bastante íntima, algo que no me ocurre con frecuencia con Wagner. He recordado - porque se menciona en el artículo - el movimiento final de la 8a Sinfonía y he encontrado un vídeo en el cual, la World Philharmonic Orchestra, dirigida por Carlo Maria Giulini, que ilustra perfectamente aquello - especialmente a partir del final del quinto minuto - que describe muy acertadamente Andrés Ibáñez:
(Aviso: el final se corta abruptamente)
26 de mayo de 2008
Léido: El perfume del cardamomo (Cuentos chinos), de Andrés Ibañez

El primer cuento de esta nueva obra de Andrés Ibáñez (edita Impedimenta) , concluye de esta manera: "..., pero antes de cortarles la garganta les decía que levantaran el rostro y miraran al cielo, país de la garza y del halcón, morada de los inmortales." Más adelante, otro cuenta con este principio: "Chi Hsi Mien era un hombre tan insaciable en sus apetitos voluptuosos que tenía a sus tres mujeres desesperadas."
Concluida la lectura el autor nos explica que ha tratado de encontrar en estos relatos un determinado tono que solemos identificar con la literatura oriental, especialmente china: "Este tono es la música de la poesía y de la prosa chinas, esa mezcla incomparable de lirismo, melancolía y un súbito sentido práctico de las cosas." Creo que los dos primeros fragmentos demuestran que el objetivo propuesto en esta última cita se cumple sobradamente, más allá de lo que de sorprendente o comprensible pueda resultar tal propósito. Todos los cuentos - de una extensión e intensidad variable, lógicamente - están bastante logrados y algunos consiguen que el lector los vuelva a repasar con la seguridad de que ha dejado pasar por alto un detalle que todavía redondeará más la pieza. No esconde el escritor la condición de pastiche de todo el conjunto, pues no sólo se añaden más influencias que la china (como la japonesa), incluyendo el hecho de que ese tono que se trata de alcanzar no es el de la propia literatura china (u oriental), sino el tono de esa literatura tal y como nos ha llegado vertida a nuestro idioma, incluyendo caprichosas traducciones - ahora sí, ahora no - de nombre propios o de lugares, además de intuirse - en alguna situación, en alguna palabra,... - algún giro más "occidental" a la manera de esas "suaves violencias" - como Andrés Ibañez las define tan acertadamente - que caracterizan la literatura a la que se rinde homenaje.
Nota: no se pierdan los artículos, como éste, que publica periódicamente Andres Ibáñez en ABCD, con el sugestivo título de "Comunicados de la tortuga celeste". Se trata de una reiteración, pues aquí ya hicimos hace algún tiempo esa recomendación.
21 de octubre de 2007
Lecturas de sábado: todos contra la posmodernidad
En "ABCD" publicaba ayer un interesante artículo, dentro de su habitual columna de sugestivo nombre, "Comunicados de la tortuga celeste", Andrés Ibáñez. Con un agresivo - como es habitual en él - título, "Ser imbécil o existir", Ibáñez responde a una entrevista con el profesor Antonio García Berrio publicada en el mismo suplemento cultural la semana anterior. Merece la pena leer el artículo en su integridad, aunque me animo a reproducir sus párrafos finales, que suscribo plenamente:
'El mundo gira. Las cosas cambian. ¡Hay vida después de Faulkner! Sí, se puede escribir después de Auschwitz. Sin embargo la academia sigue sancionando la modernidad, difícil, austera, «auténtica», «comprometida», y condenando la posmodernidad, hedonista, inauténtica, mística. Propia, en fin, de imbéciles.
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿No existe? ¿Existe y es cosa de imbéciles? Yo tengo que confesar que prefiero existir y ser imbécil. Y supongo que eso es, precisamente, lo que soy: un imbécil. Pero existo.'
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿No existe? ¿Existe y es cosa de imbéciles? Yo tengo que confesar que prefiero existir y ser imbécil. Y supongo que eso es, precisamente, lo que soy: un imbécil. Pero existo.'
PS: De paso, en ABCD, no se pierdan el interesante artículo "El Gran Duque de Alba y la Leyenda Negra", escrito por Ricardo García Cárcel y la reseña escrita por José María Latorre acerca de la extraordinaria película Picnic en Hanging Rock, de Peter Weir.
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