
El recuerdo del asesinato todavía no esclarecido - ¿lo será algún día? de una periodista valiente que denunció el actual estado de las cosas en Rusia, supone una excelente excusa para romper con unos días de mutismo bloguero.
Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con que compararlo.

o actual en una novela que describe las vicisitudes - con Londres como telón de fondo; la capital británica bien puede considerarse como un importante personaje más de la acción - de sus cuatro principales protagonistas - los hermanos Duncan y Viv Pierce, Helen y Kay - en tres períodos diferentes: 1941, 1944 y 1947, comenzando desde el final y remontándose hasta el inicio, concluyendo la obra con la resolución de algunos de los secretos - intrigas - que ensombrecen a los protagonistas al inicio de la narración. Waters maneja con habilidad los hilos de la trama para que el interés del lector no decaiga: así, en la primera parte, que en realidad es el colofón de la historia, asistimos a una presentación de los personajes, en la cual ya se adivina que la guerra - pero no sólo la guerra - ha dejado maltrecha el alma de los mismos; la segunda parte es la más extensa y en ella la autora se dedica a tejer la delicada red que pone en relación a todos los personajes, mientras que en la tercera, la más breve, se trata de ofrecer, como ya se ha comentado anteriormente, una resolución que es a la vez un punto de partida de capital importancia. Las últimas páginas, dedicadas a la forma - sorprendente, dramática, pero también romántica - en la que se conocen dos de los personajes que han aparecido distanciados al inicio, están especialmente conseguidas y revalidan la impresión de que estamos ante una más que interesante novela, con la que Waters consiguió ser - por segunda vez - finalista al premio Booker. Edita Anagrama.
o González Calero quien, pese a su la aparente juventud del retrato, ya ha tenido tiempo de ser barrendero, archivero, documentalista y profesor de filosofía. El profesor González es republicano, rojo y ateo, además de titiritero frustrado - ¿y quién no es un titiritero frustrado? nos preguntamos. Ha recogido anécdotas humorísticas de grandes filósofos en un volumen que le han editado en Ariel: Filosofía para bufones, bajo la advocación de Bertrand Russell - ¿es Russell un clásico? ¿se venderán sus obras en las librerías repletas de admiradores de Proust debatiendo sobre su mejor tradutor al español? ¿Salinas? ¿Armiño? ¿Manzano? - que es la excusa para la entrevista, no se crea el lector que en un diario le van a entrevistar a uno por el mero hecho de ser profesor de filosofía habiendo sido barrendero, eso lo harían en la tele, tal vez en una gacetilla gratuita de esas. "Todo acto de inteligencia es un acto de humor" afirmó en una ocasión Russell. La entrevista es entretenida. Nos quedamos con esta reflexión del profesor González sobre su oficio: "Este trabajo me ha gustado mucho, pero hoy me deprime. Es duro ver como los chicos se aburren delante de mí. Sólo la nota les mueve, no las ganas de saber. Es deprimente. Lo he dejado varias veces. Luego regreso, vuelvo a deprimirme, y vuelvo a dejarlo." Y, sin embargo, profesor González: leemos a los clásicos - o cuando menos, compramos sus obras y nos encerramos con ellas en nuestros cuartos profesándoles el mismo respeto que si nos encerráramos con un tigre -, y hasta compramos masivamente literatura en inglés.
es bilbliográficas o los dedicados al arte - conviene recordar que Perucho se dedicó durante una etapa de su vida a la crítica de arte, para la celebrada revista "Destino" -, entre otros, aunque también haya espacio para diversas semblanzas en la que el aliento íntimo se impone a la urgencia de lo cotidiano.