Para reemprender la actividad de esta bitácora he decidido, tras leer esta entrada del estupendo sitio La manía de leer, dar cuenta de las próximas lecturas que acometeré durante ese mes de agosto. Se trata, pues, de asumir el compromiso público de leer más, al menos durante las ya inminentes jornadas vacacionales:
Estoy acabando El ejército furioso, la última - por el momento - entrega de las andanzas del comisario Adamsberg, creado por Fred Vargas. Literatura del así llamado género negrocriminal, Vargas es una autora con una voz original, algo diluida en esta última obra, lo que se compensa con un potente entramado de variadas intrigas concatenadas (o tal vez no).
A continuación, he decido completar la lectura de La escoba del sistema, de David Foster Wallace, que dejé durante los primeros meses del año por falta de concentración. Y sin dejar la editorial Pálido Fuego, también he de acabar con los relatos de Mi primo, mi gastroentérologo, de Mark Leyner, libro en el que tal vez deposité demasiadas esperanzas...
Las dos anteriores obras son de mi posesión, una - la de Foster Wallace - comprada y la otra, regalada por S con motivo del día de Sant Jordi. La novela de Vargas es un préstamo de la biblioteca, así como el siguiente título de la lista: El anarquista que se llamaba como yo, de Pablo Martín Sánchez, de quien disfruté mucho su libro de relatos FrICCIONES, que aprovecho para recomendar.
De la ya mencionada lista de Bernardo Luis Munuera, rescato la posibilidad de (re)leer a Samuel Beckett, de quien me atrevo a afirmar que poseo bastante de lo que se ha publicado de él en castellano. Tal vez llegue el momento de hacer un catálogo de lecturas beckettianas, algo que se extenderá más allá de agosto, posiblemente hasta el otoño, periodo para el que también me reservo leer en paralelo la monumental biografía de Cronin, Samuel Beckett, el último modernista.
También siguiendo la recomendación de Munuera, me he descargado gratuitamente The Craft of Fiction de Percy Lubbock, por aquello de leer en inglés. Aunque en este caso, tendrá que esperar a que acabe las austerianas The New York Trilogy y Winter Journal.
Seguiremos informando. Feliz verano
Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con que compararlo.
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31 de julio de 2013
2 de febrero de 2011
Lecturas de 2010 (IV)

"Paga poco de alquiler, porque vive en un apartamento pequeño, en un barrio humilde, y aparte de gastar dinero en necesidades básicas, el único lujo que se permite es comprar libros, volúmenes de bolsillo, narrativa en su mayor parte, novelas norteamericanas, británicas, traducidas de lenguas extranjeras; pero en el fondo los libros no son lujos sino necesidades, y la lectura es una adicción de la que no desea curarse."
10 de octubre de 2008
Leyendo a Auster y Vila-Matas
El azar ha querido que, mientras voy leyendo la última novela de Paul Auster, haya encontrado un minúsculo volumen de Enrique Vila-Matas, dentro de la colección Cuadernos Alfabia. Uno de los dos ¿artículos? del mismo se titula No soy Auster y desde el principio, su contenido me ha parecido familiar con las reflexiones que me está provocando la lectura de Un hombre en la oscuridad. Cito, pues, el arranque:
"Debilidad por Paul Auster, al que ahora a algunos les ha dado por denostarlo. Yo creo que la curva del aprecio a su obra inició un peligroso descenso cuando se supo que no era tan conocido en Estados Unidos como en Europa. En España - país corroído por la envidia, gran deporte nacional - la noticia de que aquella persona tan afortunada- aquel hombre inteligente, rico y guapo y de gran éxito - no era valorado en Estados Unidos como lo valorábamos nosotros se extendió como la polvora. "Ya te lo decía yo. Si es que somos unos papanatas", empezó a oírse."
Dejemos de lado que el recurso a la envidia hace semejarse a Vila-Matas a un Garci, pongamos por caso. El caso es que el autor de Doctor Pasavento, siente "simpatía literaria" por el autor de Ciudad de cristal, y no sólo eso: las coincidencias vitales y estilísticas pero también las diferencias con él le sirven como un estímulo a su propia creatividad.
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