Dos grandes libros:
Tres novelas notables:
Un buen tebeo:
Un tebeo pasable:
Una inteligente guía de lectura:
Me adentro en la lectura en francés a través del Maigret de Simenon:
Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con que compararlo.
29 de febrero de 2016
27 de enero de 2016
La banda de los Sacco, Andrea Camilleri
Afrontaba
la lectura de esta nueva novela del estajanovista Camilleri con notables
expectativas: la última entrega de la serie Montalbano editada por aquí, Un filo de luz, me había dejado un buen
sabor de boca, después de un par – o más, pero la memoria me obliga a ser
generoso – de títulos que se dirían escritos con el piloto automático.
Es por
ello que me he sentido decepcionado. La promoción de la obra habla de un
western siciliano, la trama es atractiva: los Sacco son una familia siciliana que ha ido
prosperando con esfuerzo al inicio del siglo XX, aparece la mafia y trata de
extorsionarles, los Sacco deciden no acceder y enfrentarse a ellos, sin
embargo, la policía no colabora y ellos mismos se convierten en una especie de
forajidos (de ahí el título).
Aunque
estamos refiriéndonos a sucesos que efectivamente ocurrieron y que algún testigo de los mismos ha hecho
llegar al propio escritor, lo cierto es que la obra no llega a funcionar ni como
novela – si así puede definirse - pues le falta ritmo, ya que no es más que una
sucesión de episodios sin apenas transición entre ellos, ni como crónica,
puesto que el estilo es más bien frío y epidérmico.
(Nota: esta reseña con algunas modificaciones se ha publicado en el número 333 - enero 2016 - de la revista Ruta 66)
Andrea Camilleri, La banda de los Sacco. Traducción de Carlos Vitale. Editorial Destino, Barcelona, 2015.
26 de enero de 2016
Porque los miro a los ojos. Porque miro a sus corazones
"Todavía no he estado nunca en un partido donde no haya sabido el resultado de antemano, antes de que mi equipo se haya vestido de corto, antes de que haya sonado el pitido inicial, antes de que el balón haya empezado a rodar; conozco el resultado conozco la respuesta.
Porque los miro a los ojos. Porque miro a sus corazones.
Ningún misterio. Hoy no. Ni hoy ni ningún otro día. No aquí.
Ni en sus ojos. Ni en sus corazones.
Allí no hay misterio. Solo respuestas.
En los ojos. En los corazones.
Porque en nuestros ojos y en nuestros corazones ya hemos perdido, ya estamos condenados".
David Peace, Maldito United. Traducción de Héctor Castells Albareda. Editorial Contra, Barcelona, 2015
24 de enero de 2016
Qué extraño llamarse Federico, Ettore Scola
Esta última película de Ettore
Scola, que toma su nombre de un poema de Garcia Lorca – recitado, en castellano,
en su inicio -, se resiste a ser clasificada genéricamente: hay algo de
documental, de biografía y de autobiografía, de homenaje… Quizás lo más adecuado y justo sea decir que
estamos ante un retrato de la admiración que profesó Scola por Fellini desde
que lo descubriera, siendo un niño, como ilustrador y escritor en la revista
satírica Marc’Aurelio, a la que el
propio Scola se incorporó, finalizada la Segunda Guerra Mundial, cuando todavía
no era más que un adolescente. Allí coincidiría no sólo con el propio Fellini,
que ya había iniciado su carrera cinematográfica, sino con otros nombres que dieron
lustre al cine italiano de la época tanto a nivel popular como cualitativamente:
Steno, Age, Scarpelli, Ruggero Maccari…
Pero aparte de ese retrato
admirativo, también hay otro aspecto que se resalta en la cinta: la relación
personal entre los dos cineastas, principalmente mediante sus paseos
automovilísticos por la noche romana con los que el autor de La dolce vita combatía su insomnio, uno
de los cuales contiene quizás el mejor momento de la película: cuando embarcan a
una prostituta tan bella y optimista – le llaman “la Gioconda” porque siempre
sonríe - como ingenua.
Rodada en el mítico estudio 5,
dónde Fellini acostumbraba a filmar – y dónde, cómo se recuerda y recrea aquí,
recibiría honores póstumos -, el firmante de La familia juega como lo hacía su amigo y mentor con la figura del
narrador y el juego entre realidad y ficción en un proyecto tan personal como
indica el hecho de que en el guión del
mismo colaboren las hijas del propio Scola y sean sus propios nietos los que
incorporen a ambos directores en su juventud.
A
destacar finalmente el homenaje a Mastroianni – tercer vértice de su triangular
relación pues trabajaría con frecuencia con los dos realizadores -, así como la
inclusión de las pruebas para el personaje de Casanova en la película homónima
que realizaron Alberto Sordi, Ugo Tognazzi y Vittorio Gassman.
23 de enero de 2016
Gil! Scott! Heron!
"(...) Yo no era tan frío en realidad, pero en los ojos de los yonquis se pueden leer muchas cosas. Y todas ellas hablaban de la extinción en vida de hombres y mujeres. Era como si la muerte pasara a hacer la visita de rigor y se fuera sin estampar en la frente de la víctima el típico aviso. Como si se llevara el alma y el corazón, pero desechara el cuerpo lacio del superviviente por no tener valor. Los ojos saltones, las mejillas hundidas, la ropa desastrada que solía esconder brazos escuchimizados, con las venas azules y llenas de pus. Las caras de tonto con las que respondían a tus miradas inquisitivas al despertar de una cabezada en una postura imposible. Todas estas cosas eran parte de la vida de la gente con la gente que tenía que relacionarme. No había forma de escapar a las caras a las que la luz tenue les daba un aire familiar. Era innegable que se trataba de un antiguo amigo con un nombre y un motivo distintos para morir antes de tiempo".
Gil Scott-Heron, El buitre. Traducción del inglés del inglés por Antonio Vallejo Andújar. Hoja de Lata Editorial, Gijón, 2015.
Coda:
22 de enero de 2016
The end of the tour, James Ponsoldt
La gira a la que alude el título es la de promoción por
parte de su autor, David Foster Wallace, de la novela La broma infinita, una obra ambiciosa de más de mil páginas de
extensión, que conocerá un éxito crítico y público mayúsculo (seis reediciones
en su primer mes). David Lipsky, también escritor, pasó con Wallace una semana:
había convencido a la revista Rolling
Stone para dedicar un reportaje al escritor con el argumento de que “hace
diez años que no se entrevista a un escritor en esta revista”. Habría de pasar
más tiempo aún: el reportaje no fue publicado, pero le sirvió a Lipsky para
escribir un libro tras el suicidio de Wallace, que sirve de base de este film.
Así, el inicio es el conocimiento por parte de Lipsky (a
quien incorpora Jesse Eisenberg) de ese hecho, lo que motivará que busque las
grabaciones de las conversaciones que mantuvo con Wallace (aquí, un esforzado Jason Segel): a partir de allí,
la película reconstruye aquellos días en los que convivieron ambos autores.
Como punto de partida supone un reto del que James Ponsoldt y su guionista
Donald Margulies saben salir relativamente bien librados, evitando convertir su
obra en un mero juego de réplicas y contrarréplicas ofreciendo un ajustado
retrato de la tortuosa personalidad de quien escribió Entrevistas breves con hombres repulsivos, una persona de una
inteligencia y sensibilidad excepcionales, extremadamente tímido y con
dificultad de manejarse en situaciones sociales “normales”. De la misma manera
que Lipsky evita interrogar a su admirado homólogo sobre su presunta adicción a
las drogas – para enojo del editor de Rolling Stone -, el film tampoco cae en
el recurso fácil al morbo y destacan momentos anecdóticos a la par que
reveladores como porque el escritor decide intercalar Foster entre David y
Wallace, el momento en el que, a la llegada a la emisora de radio en la cual va
a ser entrevistado, éste presenta a Lipsky como su amanuense, “el señor
Boswell”, y cómo tal es saludado, antes de llegar a la noche final en la que el
autor de Algo supuestamente divertido que
nunca volveré a hacer confiesa a su
interlocutor que su primer intento de suicidio se debió quizás “a que llevaba
una vida demasiado americana, a la convicción de que todo iría bien si hacía x,
y, z”.
Nota: Un interesante retrato de David Lipsky, en el cual hay
una mención a esa semana transcurrida en común, titulado “Los años perdidos y
los últimos días de David Foster Wallace” se halla en el muy recomendable volumen Conversaciones
con David Foster Wallace, editado por Stephen J. Burn, publicado en España
por la editorial Pálido Fuego.
1 de enero de 2016
1 de diciembre de 2015
Recapitulación
Otro año más se
me ha escapado conmemorar el aniversario de este blog. Hacer alguna entrada
relativa a la sorpresa que me produce que aún siga entrando por aquí y, todavía
mayor sorpresa, que la gente siga visitándolo. Por lo tanto, no se trataría
tanto de una entrada conmemorativa, tendría que ser un escrito de
agradecimiento a esos improbables lectores que todavía, de vez en cuando, se
siguen pasando por aquí; la gran mayoría de ellos supongo que de forma
accidental. Pero también a ellos debería mostrarles mi gratitud, igual que a
los improbables visitantes habituales.
Abrí el blog con
la intención de escribir más, de disciplinarme en la escritura. Por entonces,
aún andaba en la Universidad y un profesor que ejercía cierta ascendencia sobre
mi persona afirmaba aquello de que “a escribir se aprende escribiendo”. Hago
constar que la producción académica escrita del mencionado profesor ha sido, y siendo
generosos en la apreciación, escasa.
He de reconocer,
no sin cierto rubor, que, retrospectivamente, leo las primeras entradas que fui
escribiendo y, durante un tiempo (que no me atrevo a cuantificar) fui
escribiendo con cierta frecuencia (la cual tampoco me animo a cuantificar) y,
además, por lo que leído, creo que las entradas, más allá de partir en más de
una ocasión, de una pura anécdota, aguantan bastante bien. Posteriormente, la
cosa se fue haciendo cada vez más complicada: factores personales y cierta propensión
a la pereza, fueron haciendo que cada vez las entradas sean menos numerosas, se
distancie mucho más el tiempo que transcurre entre cada una de ellas y que,
además, estas se nutran mucho más de "material ajeno": citas de
libros que estoy leyendo, películas, canciones, etc. A ello, estoy en los
últimos meses, para demostrar que el blog todavía está vivo, reproduciendo
reseñas que publico en otros medios, básicamente en la revista "Ruta
66". Pero tampoco creo que esto pueda demostrar que este espacio de
Internet está vivo, más bien que se mantiene en un estado no demasiado
saludable.
Y aquí estamos
recapitulando, haciendo tanto un examen de conciencia como un vago compromiso
público por escribir más, con mayor frecuencia. Aunque es un compromiso que se
asume, al menos por el momento, sin excesivo entusiasmo. Porque, a la que acabo
de escribir estas líneas, se me aparecen otras dudas, especialmente por el
hecho de que uno también quiere encontrar el tiempo, el espacio para tratar de
escribir algo que valga la pena... Y de nuevo las preguntas... ¿Ficción?
¿Seguir refugiado en la modesta crítica cultural? ¿Pasar de esa modestia al
ensayo? ¿Atreverse de una vez por todas con la poesía?
Acabamos por
ahora, pero, disculpen las molestias, tal vez sigamos...
8 de noviembre de 2015
La música importa
"La música importa - me dijo una vez-. La literatura popular cae en el olvido, las series de televisión caen en el olvido, y a ver si eres capaz de decirme qué películas viste en el cine hace dos años. En cambio la música perdura, incluso la música pop. Sobre todo la música pop. Por más que desprecies Raindrops Keep Fallin' On My Head, la gente seguirá escuchando esa bobada de mierda dentro de cincuenta años."
Stephen King, Revival. Traducción de Carlos Milla Soler. Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2015.
5 de noviembre de 2015
Demoledora definición de "sinergia", de John Lanchester
"En esencia, otra de las muchas GILIPOLLECES que circulan por ahí, pero, cuando de verdad significa algo, quiere decir fusionar dos empresas y aprovechar la oportunidad para despedir personal. Por ejemplo, si se fusionan dos empresas que fabrican productos similares, tendrán almacenes y sistemas de entrega parecidos; en consecuencia uno de los grupos de empleados perderá sus puestos de trabajo. La finalidad es reducir costes y aumentar las ganancias, aunque es algo que no suele ocurrir; está demostrado que la mayor parte de las fusiones acaban saliendo caras. En una fusión, una empresa con una cifra de negocios de 1 millón de libras y beneficios de 100.000 se añade a otra con las mismas cifras, con la esperanza de llegar a ser una empresa nueva que facture 2 millones de libras y obtenga unos beneficios que - gracias a la sinergia - ascenderán a 250.000. Así, se crea una nueva empresa que factura 1,75 millones y con beneficios de 160.000. Eso se llama "destrucción de valor". Cuando dos empresas se fusionan, lo primero que miran los analistas a la hora de evaluar la operación es cuántos puestos de trabajo se han perdido. Cuantos más mejor. Eso es sinergia",
John Lanchester, Cómo hablar de dinero (Lo que dice la gente de las finanzas,,, y lo que de verdad quiere decir). Traducción de Daniel Najmías. Editorial Anagrama, Barcelona, 2015.
23 de octubre de 2015
"El misterio de la casa de los trueques", Alberto Mussa
Si no estamos equivocados,
esta novela es la primera de su autor, brasileño de origen libanes, que se
publica en nuestro país.
Se trata de una obra
policíaca, en la que asistimos a los afanes de un policía por desvelar el
autor del crimen que tiene lugar en un curioso prostíbulo – la “casa” a la que
alude el título – de Río de Janeiro en 1.913. Aunque todos los indicios apuntan
a la culpabilidad de la “enfermera” que atendió al Secretario de la Presidencia
antes de que este fuera hallado muerto, naturalmente no todo es tan sencillo...
El principal punto de
interés es la originalidad de Mussa que añade a la trama policial una serie de
hechos relativos a la historia de la ciudad de Río de Janeiro así como la
descripción de leyendas y ritos brasileños importados por los esclavos desde su
África de origen. También, a través de la figura del propietario del burdel hay
también un recorrido por el erotismo y el comportamiento sexual de principio de
siglo XX.
Estas digresiones aunque,
por un lado, son fundamentales para el esclarecimiento de la autoría criminal
que se persigue, acaban suponiendo un cierto lastre, al ser numerosos y detallados,
al ritmo de la narración principal, lo que no impide que, en conjunto, “El
misterio de la casa de los trueques” deje de ser una lectura más que
interesante.
Alberto Mussa, El misterio de la casa de los trueques.
Traducción de Marina Alonso. Editorial
Funambulista, Madrid, 2015.
(Nota: esta reseña se publica en el número del mes de octubre (n. 330) de la revista Ruta 66)
22 de octubre de 2015
"Eden", Mia Hansen-Love
Escrita al alimón con su hermano,
Sven, la última película de Mia Hansen-Love viene a ser una obra autobiofráfica
sobre un disc-jockey de música electrónica apasionado por el estilo garage
house, a la cual en un momento dado define como “una mezcla de euforia y
melancolía”.
Y el principal acierto del film
es precisamente ése, que se construya mediante fragmentos en los que coexisten
una y otra emoción, aunque la que predomine, como es acostumbrado cuando una
vida es examinada en retrospectiva, sea la melancolía
Realizadora joven y aún en
proceso de maduración – Eden es su
cuarta película -,Hansen-Love sortea tanto los excesos a los que podría tender
una narración puntuada sobre raves,
drogas y personajes más o menos excesivos, como el examen moral tan habitual –
incluso en modernas y prestigiosas piezas - cuando se tratan temas como el de
la adicción a las drogas.
La
pretensión de la directora era hacer una crónica generacional, sobre el french house, movimiento en el que
sobresalieron los famosos Daft Punk – sobre los que hay una recurrente broma,
además de constantes referencias -, cuya carrera transcurría en paralelo a la
del DJ Paul, cuya vida desde que es poco más que un quinceañero hasta que su
vida se acerca a la cuarentena es la que sirve a la autora para articular
acertadamente esa crónica, una crónica y una vida escritas con letra minúscula.
(Nota: esta reseña se publica en el número del mes de octubre (n. 330) de la revista Ruta 66)
Hombres cuyos ojos yo veo
"La administración colonial británica se encargó a continuación de darles una identidad, y pueden verse algunos de esos certificados en la casa de los Archivos Nacionales de Zanzíbar del barrio de Kilimani. Esas historias no resultan ni antiguas ni lejanas para quien dispone de un instrumento de precisión para medir la Historia. Yo he visto los ojos de mi abuela, la cual había visto los ojos de su abuelo. Éste vivía en El Cairo y vio con frecuencia los ojos de Lesseps, los cuales habían visto a su vez los ojos de Brazza. Todo eso ha tenido lugar en un soplo de tiempo. La trata no es una vieja historia. Hombres cuyos ojos yo veo han visto a su vez los ojos de sus abuelos, que fueron hombres encadenados".
Patrick Deville, Ecuatoria. Traducción de José Manuel Fajardo. Editorial Anagrama, Barcelona, 2015.
8 de octubre de 2015
El centro comercial
"(...) El centro comercial era un caótico edificio de dos plantas que desde fuera parecía diseñado por un especialista en fortificaciones de artillería. Era como una embajada instalada por fuerzas extranjeras en representación del país del comercio, y construida en abierta hostilidad hacia un entorno ajeno. La gente de la urbanización necesitaba los servicios que proporcionaba el centro comercial, y el país del comercio necesitaba los beneficios que obtenían de la venta de productos. En barrios más acogedores, los centros comerciales podían postularse como catedrales del consumismo, y ofrecerse para mejorar la imagen que el comprador tenía de si mismo. Ahí nada pretendía fingir que eso era otra cosa que un intercambio de bienes y dinero".
7 de octubre de 2015
Chantal Akerman (1950-2015)
(Retrato de Chantal Akerman, de Blutch para la edición del diario Libération del 26 de enero de 2012)
Siempre estaré agradecido a Chantal Akerman por su película Les Rendez-vous d'Anna, que vi en la Filmoteca de Catalunya, una de esas experiencias que, como ha dicho Todd Haynes a propósito de Jeanne Dielman, otra película de Akerman, "cambian tu manera de pensar, de ver, de concebir el cine" y, naturalmente, por cosas como esta:
Que la tierra le sea leve...
3 de octubre de 2015
"Amar, beber y cantar", Alain Resnais
Esta película de vitalista título
es la que, finalmente, servirá como un brillante
colofón a la extraordinaria carrera cinematográfica de Alain Resnais, cineasta
que se mantenía activo rebasados los noventa años de edad.
Una carrera que se inició en la
década de los años cincuenta del siglo pasado con cortometrajes sobre Van Gogh,
Gauguin o el Guernica de Picasso o un estremecedor cortometraje documental – en
el que colaboró con el gran Chris Marker - sobre los campos de concentración
nazis. Más tarde, en su paso al largometraje, Resnais inició su andadura
colaborando con autores como Marguerite Duras o Alain Robbe-Grillet, pero que
con el tiempo, mediada la década de los años ochenta, adaptará otro tipo de
obras – sólo en apariencia – más leves, casi vodevilescas, como esta pieza
teatral de Alan Ayckbourn, a quien ya había adaptado en dos films anteriores.
Lejos de evitar toda referencia
al origen teatral del material, el autor de Muriel
lo refuerza mediante el uso de telones y fondos dibujados, obra del dibujante
de comics – otra gran pasión de Resnais – Blutch, responsable así mismo del
extraordinario cartel del film, y del diseñador de producción, Jacques
Saulnier, pero también a través de la interpretación de los actores – algunos
de ellos como Sabine Azéma o André Dussollier, cómplices de larga trayectoria –
siempre bordeando la sobreactuación, puntuado todo ello por la música de Mark
Snow.
La
cinta se cierra con los personajes presentado sus respetos al ataúd del amigo –
protagonista ausente, como el Godot de Beckett, de la obra -, destacando su
carácter juvenil y su vitalismo. El espectáculo debe continuar, dicen.
(Nota: esta reseña se publica en el número del mes de octubre (n. 330) de la revista Ruta 66)
26 de septiembre de 2015
El presente
"(...) Eso es, por lo demás, lo que nos explicaba aquel filósofo que nos encontramos una noche en Denfert-Rocherau. Decía:
'El presente está siempre lleno de incertidumbres, ¿eh? Os preguntáis angustiados lo que será vuestro futuro, ¿eh? Y luego el tiempo pasa y ese futuro se convierte en pasado, ¿eh?'
Y, según hablaba, iba puntuando las frases con ese relincho cada vez más doloroso."
Patrick Modiano, El horizonte. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Editorial Anagrama, Barcelona, 2010.
11 de septiembre de 2015
El marciano
"Puede que te preguntes que más hago en mi tiempo libre. Paso mucho tiempo sentado perezosamente mirando la tele. Pero tú también, así que no me juzgues".
Andy Weir, El marciano. Traducción de Javier Guerrero. Ediciones B, Barcelona, 2014.
7 de septiembre de 2015
Maigret
"No se tomaba por un superhombre, ni se creía infalible. Antes al contrario, empezaba sus investigaciones, incluso las más sencillas, con una especie de humildad.
Desconfiaba de la evidencia, de los juicios apresurados. Pacientemente, se esforzaba por comprender, no ignorando que los móviles más aparentes no siempre son los más profundos.
Aunque no tenía una idea muy alta de los hombres y de sus posibilidades, continuaba creyendo en el hombre.
Buscaba sus puntos débiles. Y, cuando ponía el dedo sobre uno, no cantaba victoria, sino que, al contrario, sentía un cierto abatimiento.
Desde la víspera, sentía que había perdido pie, pues se había encontrado, sin preparación, frente a gente de las que no sospechaba ni siquiera la existencia. Todas sus actitudes, sus propósitos, sus reacciones, le eran extraños y se esforzaba vanamente por clasificarlos en una categoría.
Sentía necesidad de amarlos, incluso a aquella Jaquette que, sin embargo, le ponía fuera de sí".
Georges Simenon, Maigret y los ancianos. Traducción de Jesús López Pacheco. Editorial Luis de Caralt, Barcelona, 1962.
4 de septiembre de 2015
Aylan
Disculpen las molestias, pero hay ocasiones en las que la actualidad nos interpela, no podemos escapar de ella. Disculpen también porque esta entrada la voy a tratar de escribir del tirón, sin edición ni añadiendo enlaces, por lo que su lectura puede resultar deslavazada y con - espero que no demasiados, errores tipográficos, ortográficos y gramaticales.
Ya saben sobre qué voy a hablarles. Aunque hayan tratado como yo de evitar estos útimos días, estas últimas horas, los telediarios, las portadas de los diarios o las redes sociales, estoy seguro que han visto la foto del cadáver del pequeño Aylan Kurdi, de sólo 3 años, en la orilla de una playa turca. Un niño, bien vestido, yace en una posición en la que que no por inverosímil, muchos niños de esa edad pueden dormir de puro cansancio. Fallecieron junto a él, un hermano un poco mayor y su madre, condenados al anonimato. Su padre, que únicamente quiere regresar a su lugar de origen a enterrar a su familia, explica desde la portada de un diario: "se me escaparon de las manos". Probablemente, también hayan visto alguna otra foto de Aylan, vivo junto a su hermano o en solitario, imágenes que incluso ahora puedan llegar a conmover más que la primera, la que motiva estas líneas.
Soy padre de un niño que recién acaba de cumplir los seis años. Precisamente, desde su nacimiento he ido constatando como me he sensibilizado mucho más a los sufrimientos de los pequeños. No es que antes me resultaran indiferentes - siempre tengo en el recuerdo por ejemplo, una imagen de una madre ante el cadaver de su hijo que perdió la vida mientras jugaba en una ciudad de Irak por la explosión accidental de una bomba -, por supuesto, sino que ahora me calan emocionalmente de un modo que antes no lo hacían: la(s) foto(s) de Aylan, como en otras ocasiones alguna de un pequeño enfermo, la noticia de cuatros niños de Tarragona, muertos en un incendio, etc., no se me van de la cabeza, me causan un malestar casi físico, insomnio o incluso pérdida de apetito.
Supongo que esa es la razón por la que los medios y personas bienintencionadas difundieron esas fotos: no creo que mi caso sea único y gran parte de la población socialmente activa que cuenta entre veinte tantos y cuarenta y tanto años son padres más o menos recientes y la conmoción que les puede provocar esas imágenes tal vez pueda llevar a presionar a sus gobiernos o a colaborar con diferentes ONG que trabajan con los refugiados sirios. No es una cosa reciente, en "La lentitud", Milan Kundera se pregunta porque la prensa sólo ofrecían imágenes de niños durante una crisis de hambruna en África: ¿acaso los adultos no morían de hambre también? Precisamente uno de los recuerdos de la infancia más precisos que tengo es el de ver a mi padre llorando mientras veíamos en el imágenes de alguna catástrofe humanitaria reunidos comiendo en la mesa.
Pero no es de eso de lo que quería hablarles, la verdad. Tampoco tengo muy claro, les tengo que reconocer, cual es el objetivo de escribir todo esto. Ayer me venía a la memoria, d manera recurrente, el momento en "Días de radio" de Woody Allen, en el que la familia protagonista se apiña ante la radio para seguir la retransmisión en directo del rescate de un niño que ha caído a un pozo: finalmente es rescatado, pero quien transmite se da cuenta de que cuando llega a la superficie, el crío está muerto. El padre de la familia, por toda respuesta, abraza más fuerte a su hijo que ha seguido la retransmisión en su regazo. Pues bien, yo ayer, llamé a mi hijo a casa de mi suegra, donde está mientras sus padres trabajamos y hubiera querido hablar con él por el teléfono hasta que llegara el momento de ir a recogerlo...
Ahora se hace claro que la motivación de estas líneas es más bien egoista, que sea mi hijo y no Aylan. Sí y no. Creo que mi hijo no ha visto - o no ha reparado en ella - la imagen del cadaver de Aylan en la playa. Si la hubiese visto, es posible que me hubiese preguntado, y estas líneas son la respuesta a esa pregunta no formulada. Toda muerte de un niño, por la causa que sea, es cruel, es injusta. Alguna, como por ejemplo una enfermedad, tiene su explicación. Otras, como la del niño sirio, no o es complicada.
A riesgo de caer en la autoayuda, creo que las catástrofes como la de Siria o las crisis africanas son incomprensibles, y no sólo para un niño pequeño: un laberinto de intereses cruzados en los que la ciudadanía afectada no son más que trágicos y desesperados peones en un tablero infernal.
Decía Schopenauer que lo que nos conmueve y nos lleva a dar limosna a un mendigo es el hecho de que nos imaginamos que podemos estar en su situación. Y tal vez sea cierto: en el momento en que nos encontramos parece que sólo unos pocos en el planeta pueden estar convencidos de que su suerte no podrá ser la de la familia de Aylan. Otros, creo que muchos, si que nos ponemos en la piel de esa familia y de la de otras familias en Siria o en otros países en conflicto y de su deseo de ofrece a sus familias - y especialmente a sus hijos - un futuro mejor, aunque para conseguirlo sea necesario correr riesgos.
Acabo ya. No hay explicación posible, hay situaciones que no tienen ningún sentido y, en abstracto, es posible que no la vida no tenga ningún sentido, me imagino respondiendo a mi hijo. Lo único que podemos hacer es tratar de dar algún sentido a nuestra existencia, disfrutando en lo que podamos de nuestra familia y nuestros amigos, cultivando nuestras aficiones, dedicando tiempo a aquello que nos parece importante - aunque a otros no se lo parezca - y tratando de hacer el bien durante nuestra andadura. Hagamos eso, concluiría, también como un acto de justicia poética con todos los Aylan que han sido, son y serán y que apenas si pudieron dar unos pocos y balbuceantes pasos sobre la faz de la tierra.
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