3 de octubre de 2015

"Amar, beber y cantar", Alain Resnais



Esta película de vitalista título es la que, finalmente,  servirá como un brillante colofón a la extraordinaria carrera cinematográfica de Alain Resnais, cineasta que se mantenía activo rebasados los noventa años de edad.

Una carrera que se inició en la década de los años cincuenta del siglo pasado con cortometrajes sobre Van Gogh, Gauguin o el Guernica de Picasso o un estremecedor cortometraje documental – en el que colaboró con el gran Chris Marker - sobre los campos de concentración nazis. Más tarde, en su paso al largometraje, Resnais inició su andadura colaborando con autores como Marguerite Duras o Alain Robbe-Grillet, pero que con el tiempo, mediada la década de los años ochenta, adaptará otro tipo de obras – sólo en apariencia – más leves, casi vodevilescas, como esta pieza teatral de Alan Ayckbourn, a quien ya había adaptado en dos films anteriores.

Lejos de evitar toda referencia al origen teatral del material, el autor de Muriel lo refuerza mediante el uso de telones y fondos dibujados, obra del dibujante de comics – otra gran pasión de Resnais – Blutch, responsable así mismo del extraordinario cartel del film, y del diseñador de producción, Jacques Saulnier, pero también a través de la interpretación de los actores – algunos de ellos como Sabine Azéma o André Dussollier, cómplices de larga trayectoria – siempre bordeando la sobreactuación, puntuado todo ello por la música de Mark Snow.

La cinta se cierra con los personajes presentado sus respetos al ataúd del amigo – protagonista ausente, como el Godot de Beckett, de la obra -, destacando su carácter juvenil y su vitalismo. El espectáculo debe continuar, dicen.


(Nota: esta reseña se publica en el número del mes de octubre (n. 330) de la revista Ruta 66)

26 de septiembre de 2015

El presente


"(...) Eso es, por lo demás, lo que nos explicaba aquel filósofo que nos encontramos una noche en Denfert-Rocherau. Decía:

'El presente está siempre lleno de incertidumbres, ¿eh? Os preguntáis angustiados lo que será vuestro futuro, ¿eh? Y luego el tiempo pasa y ese futuro se convierte en pasado, ¿eh?'

Y, según hablaba, iba puntuando las frases con ese relincho cada vez más doloroso."

Patrick Modiano, El horizonte. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Editorial Anagrama, Barcelona, 2010.

11 de septiembre de 2015

El marciano



"Puede que te preguntes que más hago en mi tiempo libre. Paso mucho tiempo sentado perezosamente mirando la tele. Pero tú también, así que no me juzgues".

Andy Weir, El marciano. Traducción de Javier Guerrero. Ediciones B, Barcelona, 2014.

7 de septiembre de 2015

Maigret



"No se tomaba por un superhombre, ni se creía infalible. Antes al contrario, empezaba sus investigaciones, incluso las más sencillas, con una especie de humildad.

Desconfiaba de la evidencia, de los juicios apresurados. Pacientemente, se esforzaba por comprender, no ignorando que los móviles más aparentes no siempre son los más profundos.

Aunque no tenía una idea muy alta de los hombres y de sus posibilidades, continuaba creyendo en el hombre.

Buscaba sus puntos débiles. Y, cuando ponía el dedo sobre uno, no cantaba victoria, sino que, al contrario, sentía un cierto abatimiento.

Desde la víspera, sentía que había perdido pie, pues se había encontrado, sin preparación, frente a gente de las que no sospechaba ni siquiera la existencia. Todas sus actitudes, sus propósitos, sus reacciones, le eran extraños y se esforzaba vanamente por clasificarlos en una categoría.

Sentía necesidad de amarlos, incluso a aquella Jaquette que, sin embargo, le ponía fuera de sí".

Georges Simenon, Maigret y los ancianos. Traducción de Jesús López Pacheco. Editorial Luis de Caralt, Barcelona, 1962.

4 de septiembre de 2015

Aylan

Disculpen las molestias, pero hay ocasiones en las que la actualidad nos interpela, no podemos escapar de ella. Disculpen también porque esta entrada la voy a tratar de escribir del tirón, sin edición ni añadiendo enlaces, por lo que su lectura puede resultar deslavazada y con - espero que no demasiados, errores tipográficos, ortográficos y gramaticales.

Ya saben sobre qué voy a hablarles. Aunque hayan tratado como yo de evitar estos útimos días, estas últimas horas, los telediarios, las portadas de los diarios o las redes sociales, estoy seguro que han visto la foto del cadáver del pequeño Aylan Kurdi, de sólo 3 años, en la orilla de una playa turca. Un niño, bien vestido, yace en una posición en la que que no por inverosímil, muchos niños de esa edad pueden dormir de puro cansancio. Fallecieron junto a él, un hermano un poco mayor y su madre, condenados al anonimato. Su padre, que únicamente quiere regresar a su lugar de origen a enterrar a su familia, explica desde la portada de un diario: "se me escaparon de las manos". Probablemente, también hayan visto alguna otra foto de Aylan, vivo junto a su hermano o en solitario, imágenes que incluso ahora puedan llegar a conmover más que la primera, la que motiva estas líneas.

Soy padre de un niño que recién acaba de cumplir los seis años. Precisamente, desde su nacimiento he ido constatando como me he sensibilizado mucho más a los sufrimientos de los pequeños. No es que antes me resultaran indiferentes - siempre tengo en el recuerdo por ejemplo, una imagen de una madre ante el cadaver de su hijo que perdió la vida mientras jugaba en una ciudad de Irak por la explosión accidental de una bomba -, por supuesto, sino que ahora me calan emocionalmente de un modo que antes no lo hacían: la(s) foto(s) de Aylan, como en otras ocasiones alguna de un pequeño enfermo, la noticia de cuatros niños de Tarragona, muertos en un incendio, etc., no se me van de la cabeza, me causan un malestar casi físico, insomnio o incluso pérdida de apetito.

Supongo que esa es la razón por la que los medios y personas bienintencionadas difundieron esas fotos: no creo que mi caso sea único y gran parte de la población socialmente activa que cuenta entre veinte tantos y cuarenta y tanto años son padres más o menos recientes y la conmoción que les puede provocar esas imágenes tal vez pueda llevar a presionar a sus gobiernos o a colaborar con diferentes ONG que trabajan con los refugiados sirios. No es una cosa reciente, en "La lentitud", Milan Kundera se pregunta porque la prensa sólo ofrecían imágenes de niños durante una crisis de hambruna en África: ¿acaso los adultos no morían de hambre también? Precisamente uno de los recuerdos de la infancia más precisos que tengo es el de ver a mi padre llorando mientras veíamos en el imágenes de alguna catástrofe humanitaria reunidos comiendo en la mesa.

Pero no es de eso de lo que quería hablarles, la verdad. Tampoco tengo muy claro, les tengo que reconocer, cual es el objetivo de escribir todo esto. Ayer me venía a la memoria, d manera recurrente, el momento en "Días de radio" de Woody Allen, en el que la familia protagonista se apiña ante la radio para seguir la retransmisión en directo del rescate de un niño que ha caído a un pozo: finalmente es rescatado, pero quien transmite se da cuenta de que cuando llega a la superficie, el crío está muerto. El padre de la familia, por toda respuesta, abraza más fuerte a su hijo que ha seguido la retransmisión en su regazo. Pues bien, yo ayer, llamé a mi hijo a casa de mi suegra, donde está mientras sus padres trabajamos y hubiera querido hablar con él por el teléfono hasta que llegara el momento de ir a recogerlo...

Ahora se hace claro que la motivación de estas líneas es más bien egoista, que sea mi hijo y no Aylan. Sí y no. Creo que mi hijo no ha visto - o no ha reparado en ella - la imagen del cadaver de Aylan en la playa. Si la hubiese visto, es posible que me hubiese preguntado, y estas líneas son la respuesta a esa pregunta no formulada. Toda muerte de un niño, por la causa que sea, es cruel, es injusta. Alguna, como por ejemplo una enfermedad, tiene su explicación. Otras, como la del niño sirio, no o es complicada.

A riesgo de caer en la autoayuda, creo que las catástrofes como la de Siria o las crisis africanas son incomprensibles, y no sólo para un niño pequeño: un laberinto de intereses cruzados en los que la ciudadanía afectada no son más que trágicos y desesperados peones en un tablero infernal.

Decía Schopenauer que lo que nos conmueve y nos lleva a dar limosna a un mendigo es el hecho de que nos imaginamos que podemos estar en su situación. Y tal vez sea cierto: en el momento en que nos encontramos parece que sólo unos pocos en el planeta pueden estar convencidos de que su suerte no podrá ser la de la familia de Aylan. Otros, creo que muchos, si que nos ponemos en la piel de esa familia y de la de otras familias en Siria o en otros países en conflicto y de su deseo de ofrece a sus familias - y especialmente a sus hijos - un futuro mejor, aunque para conseguirlo sea necesario correr riesgos.

Acabo ya. No hay explicación posible, hay situaciones que no tienen ningún sentido y, en abstracto, es posible que no la vida no tenga ningún sentido, me imagino respondiendo a mi hijo. Lo único que podemos hacer es tratar de dar algún sentido a nuestra existencia, disfrutando en lo que podamos de nuestra familia y nuestros amigos, cultivando nuestras aficiones, dedicando tiempo a aquello que nos parece importante - aunque a otros no se lo parezca - y tratando de hacer el bien durante nuestra andadura. Hagamos eso, concluiría, también como un acto de justicia poética con todos los Aylan que han sido, son y serán y que apenas si pudieron dar unos pocos y balbuceantes pasos sobre la faz de la tierra.



6 de agosto de 2015

Se oía vivir a sí mismo



"Hasta entonces, Burnaby había ejercido un pleno control de sus flirteos: había que calmar a la chica, nerviosa ante el vasto uniforme que tenía delante. Ahora las cosas eran al revés, lo cual le dejaba perplejo y le excitaba a la vez. No había que andarse con rodeos para concertar una cita. Él la pedía y ella se la daba. A veces se veían en el teatro, a veces él iba derecho a la rue Fortuny, un lugar que - ahora que tenía tiempo para examinarlo - se le antojaba mitad mansión, mitad estudio de artista. Había paredes tapizadas de terciopelo, loros encaramados sobre bustos, jarrones tan grandes como garitas de guardia y tantas plantas erguidas y fláccidas como en el Jardín Botánico de Kew. Y entre semejante derroche y alarde había las cosas sencillas que el corazón deseaba: comida, cama, sueño y desayuno. Un hombre apenas se atrevía a pedir más. Se oía vivir a sí mismo".

Julian Barnes, Niveles de vida. Traducción del inglés de Jaime Zulaika. Editorial Anagrama, Barcelona, 2014.

1 de agosto de 2015

Ojalá



"Ojalá Kitaru lleve una vida feliz en Denver, o en cualquier otra ciudad lejana. Si eso de ser feliz es pedir demasiado, ojalá viva al menos el presente con salud y sin carencias. Porque nadie sabe con qué soñaremos mañana".

Haruki Murakami, Hombres sin mujeres, Traducción del japonés de Gabriel Álvarez Martínez. Editorial Tusquets, Barcelona, 2015

28 de julio de 2015

Burocracia


"Estuvo toda la tarde firmando papeles inútiles, mortalmente aburrido. Pero tenía que hacerlo sin falta, no por sentido del deber, sino porque había aprendido que la sutil venganza de un papel que no era firmado a su debido tiempo consistía en multiplicarse al menos por dos, uno para pedir explicaciones de por qué no se había firmado el anterior, y el otro como copia del primero por si no se había recibido".

Andrea Camilleri, Un filo de luz. Traducción del italiano de Teresa Clavel Lledó. Editorial Salamandra, Barcelona, 2015.

27 de marzo de 2015

Trànsit



"A l'hora de la mort el sacerdot va provar d'assistir-lo i ell, amb un filet de veu, li preguntà:
- Perdoni, mossèn; quines garanties tinc?
- Tot depèn de la voluntat que vostè hi posi... - va respondre-li l'eclesiàstic amb un to altament professional.
I el moribund va tancar els ulls, amb una conformitat que hauria de servir d'exemple. L'un se'n va anar i l'altre es va quedar, tots dos submergits en un mateix misteri."

Conte extret del llibre Tot s'aprofita, de Pere Calders, publicat per Edicions 62 a Barcelona l'any 1991.

4 de marzo de 2015

Plan de lectura: marzo 2015

La última palabra, de Hanif Kureishi. Entre hoy y mañana la acabaré. Ya he puesto una cita aquí que es bastante significativa de lo que es la novela. Un joven es reclutado por su agente literario y por la esposa de un conocido escritor de origen indio para hacer la biografía de este último, tarea para la que tendrá que irse a vivir con ellos, a la campiña inglesa. Estructurada a partir de diálogos ofrece, como es marca de la casa, una ácida descripción del Reino Unido de nuestros días. Pero también, y éste tal vez sea el objetivo principal del asunto, hay espacio para interrogarse sobre la creación y sobre el sexo, de cómo, por ejemplo, el talento puede estar intrinsecamente unido a la líbido (creo que Pound ya establecía una curiosa relación entre inteligencia y altos niveles de producción de espermatozoides). Se lee bien: muchas frases, párrafos e incluso conversaciones enteras dignas de subrayarse.

El gran misterio de Bow, de Israel Zangwill. Mediada su lectura. Borges apreciaba esta obra como brillante ejemplo de relato detectivesco de "cuarto cerrado". Nada he encontrado de si dijo algo acerca del brillante estilo de Zangwill, de su muy original humor. Obra breve - y para nada menor - cuya lectura voy demorando, degustando en pequeñas dosis su ingenio. Consejo importante: lean primero el libro y luego busquen lo que dejó dicho Borges al respecto (a buen entendedor...)

La vida lenta, de Josep Pla. Estat: llegida introducció i primeres pàgines. He posposat continuar-la, segurament combinant la lectura d'aquests diaris, amb - penso - informació superficial però tanmateix reveladora de la personalitat i el procés creatiu de Pla, amb alguna altra lectura més densa, com per exemple el següent llibre de la llista.

La hoguera pública, de Robert Coover. Pues eso: Coover, los Rosenberg, Nixon. 639 páginas. Para leer con el bocadillo, por la mañana, no va a ser. Auguro lectura lenta, prolongada y gozosa.

Pórtate bien, de Noah Cicero. Segunda aparición de Pálido Fuego en la lista. Hay que ayudar al proyecto de José Luis Amores. Sentimientos encontrados. A su favor, pues eso, que la edita Pálido Fuego, claro que también editaron uno de los libros que menos me ha gustado en los últimos tiempos, Mi primo, mi gastroenterólogo, que de hecho no he llegado ni a acabar. A su favor, es breve. En contra: pertenece declaradamente al Alt-Lit, movimiento del que esta novela parece venir a ser algo así como un manifiesto. Veremos. Y quien sabe, si me convence, igual le doy otra oportunidad al Richard Yates, de Tao Lin (otro volumen inacabado, de hecho, la categoría más adecuada sería "apenas iniciada").

Fouché. Retrat d'un home polític de Stefan Zweig. Vaig llegir la ressenya que va escriure en Mariano Hortal, lector fiable, de la edició en castellà de la novel·la i vaig treure en préstec aquesta edició de la biblioteca. Moltes ganes de llegir-la. Potser sigui la següent lectura que enceti quan acabi el Kureishi. Anirà bé llegir alguna cosa intel·ligent sobre política.

Zona de sombra. Notas dispersas a partir de Viaggo in Italia de Carlos Losilla. Esto, naturalmente, no le va a importar a nadie, pero sostengo que Losilla es - y especialmente, ahora, tras la reciente desaparición de José María Latorre - el más original crítico cinematográfico español. Original, no sólo por el estilo, intuición e inteligencia que demuestra en sus reseñas "ordinarias" en diarios, sitios web o revistas, sino que también por la manera en que va estructurando una peculiar bibliografía, ajena a las panorámicas sobre directores o géneros tan al uso.

Scarlet de George Michael Bendis y Alex Maleev. Tengo mucha curiosidad por leer este trabajo de los creadores de una muy famosa versión de Daredeveil - que, dicho sea de paso, conozco muy superficialmente, pero ahora, fuera del universo Marvel, en un contexto de lo que por algún lado he leído definido como crítica y denuncia social. De Bendis he leído recientemente Ultimate Spiderman 2: Curva de aprendizaje y Asedio.


Les voy contando...







28 de febrero de 2015

¿Peor?



"- ¿Peor? ¿Qué puede ser peor que dar clases en una politécnica?
Rob guardó silencio unos instantes y miró por la ventanilla antes de darle la mala noticia:
- Podrías tener que dar clases de escritura creativa.
- No, por favor. No tengo los conocimientos necesarios.
- Pues mejor todavía. Imagínate estar perdido para siempre en un oscuro bosque de primeras novelas inacabadas que requieren tu completa dedicación.- Recogió sus bártulos y se puso en pie -. ¡Veo que ya hemos llegado al erial! Mira afuera...; mira este lodazal, poblado por palurdos tatuados, cardos borriqueros y mequetrefes que esnifan cola. ¡El horror, el horror! ¿Estás preparado para que dé comienzo el resto de tu vida?"

Hanif Kureishi, La última palabra. Traducción de Mauricio Bach. Editorial Anagrama, Barcelona, 2014

14 de febrero de 2015

Inmigrante

"Alexa, y los demás invitados, y quizá incluso Georgina, comprendían todos que se huyera de la guerra, de la clase de pobreza que aplastaba el alma humana, pero no entenderían la necesidad de escapar del letargo opresivo de la falta de elección. No entenderían por que las personas como él, que se habían criado sin hambre ni sed pero vivían empantanadas en la insatisfacción, condenadas desde su nacimiento a mirar hacia otro lugar, convencidas eternamente de que las vidas reales se desarrollaban en ese otro lugar, ninguna de ellas famélica, ni víctima de violaciones, ni procedente de aldeas quemadas, estuvieran ahora decididas a afrontar peligros, a actuar ilegalmente, para marcharse, ávidas solo de elección y certidumbre".

Chimamanda Ngozi Adichie, Americanah. Traducción de Carlos Milla Soler. Penguin Random House, Barcelona, 2014.

PS: Espero que el fragmento escogido como muestra representativa entre muchos otros, pueda hacer una idea al siempre improbable lector que se pasee por este rincón, de la más que notable calidad de una novela que, por el momento, es lo mejor que este cronista ha leído en lo que llevamos de año.

6 de febrero de 2015

Fin



"Lo que dirán no es cierto: que no lo vio venir, que no supo qué le había pasado. Sin embargo, sucede muy deprisa. Aparecen imágenes caducas en su pantalla mental; es hora de morir, no hay tiempo para más. Paradójicamente, en ese momento crucial en que su futuro hijo debería importar más que nada, el niño al que no conoce y al que no conocerá nunca significa menos para él que todos los demás. Su bondadosa madre, e incluso su aberrante padre. Cliff y Harry, sus mejores amigos. Natasha, a la que ve cuando era niña, de la mano de su padre; Natasha y Dean, ambos supervivientes. Más persuasiva aún, la imagen de Ilona esperando en el restaurante, cada vez más enfadada, sin nadie que la salve de su enfado. Y Jodi tal como la vio el día que él volvió del campo, tendida boca arriba y despatarrada al sol. Jodi, tan hermosa y singular. Si pudiera quedarse, lo haría por ella. Pero ya no puede elegir. El tiempo ha quedado suspendido, y sin embargo está a punto de acabarse. La muerte debería ser una seducción, no una violación. Si tuviera un minuto más podría hacer muchas cosas. Hasta a los condenados se les permite hacer una llamada de teléfono, enviar un mensaje. Qué vivo se siente, con qué intensidad brilla, como una mecha encendida, un petardo a punto de salir disparado. Qué no daría por un minuto más, un solo minuto normal y corriente, clavado con chinchetas, rudimentariamente, al final de su vida".

A.S.A. Harrison, La mujer de un solo hombre. Traducción de Gemma Rovira Ortega. Ediciones Salamandra, Barcelona, 2044.

30 de enero de 2015

Caras como camas sin hacer



"Me acusan de definirme todo el tiempo desde lo que disgusta. Es que no puedo con los médicos, el condado de Cheshire, Jane Austen, el Manchester United, The Guardian, David Bowie, la policía de Nueva York, los tipos blandos que babean, el vino tinto, Australia, la Princesa Diana, los proletas, la prohibición de fumar, los psicólogos, los izquierdistas que se opusieron a la Guerra de las Malvinas, los putos pubs y el ambiente en general de Brighton, J.R.R. Tolkien, los perros y el julandrón de Kojak y las entrevistas. Y odio Manchester con toda mi alma. Esta ciudad ha producido muchos tipos como yo: hombres duros con hígados pétreos y caras como camas sin hacer. Suena a Raymond Chandler, ¿eh? De joven me gustaba, hoy prefiero a Jim Thompson, Pero sigo estando de acuerdo con aquello que dijo Chandler: "Si pierdes el tiempo razonando, no serás creativo".


Mi padre era fontanero, como mi abuelo antes que él. Yo era un niño tímido; se metían conmigo. Solo tenía hermanas, no había un hermano mayor que saliera en mi defensa. Tuve que solventarlo yo solito y vaya si lo hice".






(Mark E. Smith. Recogido en el artículo "El enigma Mark E. Smith. No es repetición, es disciplina, capullo", de Ignacio Juliá. Revista Ruta 66, número 323, febrero 2015.

22 de enero de 2015

Danilo Kis, Salmo 44



"(...) mi Dios no es más que la encarnación de la justicia, del altruismo y de la bondad; y de la esperanza - y ella lo escuchaba sin saber si contestarle y qué contestarle, o si decirle, no obstante, que ella también sentía en su fuero interno un Dios semejante, pero que no lo podría haber definido ni ahora ni tal vez nunca en la vida si él no estuviera hablándole de ello -... un Dios que se llama así porqué la gente le dio ese nombre y, por lo tanto, que así sea, pero  ese Dios apenas es otra cosa que una suerte de simbiosis de estos principios, por no decir de las bondades y de las virtudes, que ya te he enumerado, más algunas cualidades semejantes que también suelen atribuirse a Dios; sin embargo a mí me parece que mi Dios es más hermoso y bueno (porque a pesar de todo cada persona, cada persona que cree ser recta tiene y debe tener un Dios propio), y cuando yo digo o pienso "Dios mío, ayúdame", pienso en realidad para mí mismo: "Sé justo", "Sé altruista" y "Ten esperanza en tu bondad y en la de tu prójimo" - y aquella tarde ella memorizó y grabó todo eso en su mente sin ser consciente de que de este modo había construido en su interior un Dios idéntico que no era otra cosa que la palabra y encarnación de su padre, y fue necesario que él no volviera nunca más (ya al día siguiente se lo llevaron durante la redada al sótano del almacén de Lampel y luego al Danubio) para que comprendiera lo que quería decir y a que se refería cuando hablaba de <>".

Danilo Kis, Salmo 44. Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek. Editorial Acantilado, Barcelona, 2014

14 de enero de 2015

La inevitable lista de mejores lecturas del año pasado



Mal año lector, 2014. Sólo 54 libros (de hecho, un par de ellos  los acabé de leer el primer fin  de semana), de los que, por destacar 10 títulos me quedo con los siguientes (sin orden concreto):

- Pastoràlia, de George Saunders
- El bigote, de Emmanuel Carrère
- Al límite, de Thomas Pynchon
- Modo linterna, de Sergio Chejfec
- Mi Carso, de Spicio Slataper
- Un hombre enamorado, de Karl Ove Knausgard
- El padre, de Edward St. Aubyn
- 14, de Jean Echenoz

Menciones honoríficas:
- La nostra vida vertical, de Yannick García
- Es un decir, de Jenn Diaz
- Filosofar como un perro, de Michel Onfray
- Lolito, de Ben Brooks