14 de febrero de 2015

Inmigrante

"Alexa, y los demás invitados, y quizá incluso Georgina, comprendían todos que se huyera de la guerra, de la clase de pobreza que aplastaba el alma humana, pero no entenderían la necesidad de escapar del letargo opresivo de la falta de elección. No entenderían por que las personas como él, que se habían criado sin hambre ni sed pero vivían empantanadas en la insatisfacción, condenadas desde su nacimiento a mirar hacia otro lugar, convencidas eternamente de que las vidas reales se desarrollaban en ese otro lugar, ninguna de ellas famélica, ni víctima de violaciones, ni procedente de aldeas quemadas, estuvieran ahora decididas a afrontar peligros, a actuar ilegalmente, para marcharse, ávidas solo de elección y certidumbre".

Chimamanda Ngozi Adichie, Americanah. Traducción de Carlos Milla Soler. Penguin Random House, Barcelona, 2014.

PS: Espero que el fragmento escogido como muestra representativa entre muchos otros, pueda hacer una idea al siempre improbable lector que se pasee por este rincón, de la más que notable calidad de una novela que, por el momento, es lo mejor que este cronista ha leído en lo que llevamos de año.

6 de febrero de 2015

Fin



"Lo que dirán no es cierto: que no lo vio venir, que no supo qué le había pasado. Sin embargo, sucede muy deprisa. Aparecen imágenes caducas en su pantalla mental; es hora de morir, no hay tiempo para más. Paradójicamente, en ese momento crucial en que su futuro hijo debería importar más que nada, el niño al que no conoce y al que no conocerá nunca significa menos para él que todos los demás. Su bondadosa madre, e incluso su aberrante padre. Cliff y Harry, sus mejores amigos. Natasha, a la que ve cuando era niña, de la mano de su padre; Natasha y Dean, ambos supervivientes. Más persuasiva aún, la imagen de Ilona esperando en el restaurante, cada vez más enfadada, sin nadie que la salve de su enfado. Y Jodi tal como la vio el día que él volvió del campo, tendida boca arriba y despatarrada al sol. Jodi, tan hermosa y singular. Si pudiera quedarse, lo haría por ella. Pero ya no puede elegir. El tiempo ha quedado suspendido, y sin embargo está a punto de acabarse. La muerte debería ser una seducción, no una violación. Si tuviera un minuto más podría hacer muchas cosas. Hasta a los condenados se les permite hacer una llamada de teléfono, enviar un mensaje. Qué vivo se siente, con qué intensidad brilla, como una mecha encendida, un petardo a punto de salir disparado. Qué no daría por un minuto más, un solo minuto normal y corriente, clavado con chinchetas, rudimentariamente, al final de su vida".

A.S.A. Harrison, La mujer de un solo hombre. Traducción de Gemma Rovira Ortega. Ediciones Salamandra, Barcelona, 2044.

30 de enero de 2015

Caras como camas sin hacer



"Me acusan de definirme todo el tiempo desde lo que disgusta. Es que no puedo con los médicos, el condado de Cheshire, Jane Austen, el Manchester United, The Guardian, David Bowie, la policía de Nueva York, los tipos blandos que babean, el vino tinto, Australia, la Princesa Diana, los proletas, la prohibición de fumar, los psicólogos, los izquierdistas que se opusieron a la Guerra de las Malvinas, los putos pubs y el ambiente en general de Brighton, J.R.R. Tolkien, los perros y el julandrón de Kojak y las entrevistas. Y odio Manchester con toda mi alma. Esta ciudad ha producido muchos tipos como yo: hombres duros con hígados pétreos y caras como camas sin hacer. Suena a Raymond Chandler, ¿eh? De joven me gustaba, hoy prefiero a Jim Thompson, Pero sigo estando de acuerdo con aquello que dijo Chandler: "Si pierdes el tiempo razonando, no serás creativo".


Mi padre era fontanero, como mi abuelo antes que él. Yo era un niño tímido; se metían conmigo. Solo tenía hermanas, no había un hermano mayor que saliera en mi defensa. Tuve que solventarlo yo solito y vaya si lo hice".






(Mark E. Smith. Recogido en el artículo "El enigma Mark E. Smith. No es repetición, es disciplina, capullo", de Ignacio Juliá. Revista Ruta 66, número 323, febrero 2015.

22 de enero de 2015

Danilo Kis, Salmo 44



"(...) mi Dios no es más que la encarnación de la justicia, del altruismo y de la bondad; y de la esperanza - y ella lo escuchaba sin saber si contestarle y qué contestarle, o si decirle, no obstante, que ella también sentía en su fuero interno un Dios semejante, pero que no lo podría haber definido ni ahora ni tal vez nunca en la vida si él no estuviera hablándole de ello -... un Dios que se llama así porqué la gente le dio ese nombre y, por lo tanto, que así sea, pero  ese Dios apenas es otra cosa que una suerte de simbiosis de estos principios, por no decir de las bondades y de las virtudes, que ya te he enumerado, más algunas cualidades semejantes que también suelen atribuirse a Dios; sin embargo a mí me parece que mi Dios es más hermoso y bueno (porque a pesar de todo cada persona, cada persona que cree ser recta tiene y debe tener un Dios propio), y cuando yo digo o pienso "Dios mío, ayúdame", pienso en realidad para mí mismo: "Sé justo", "Sé altruista" y "Ten esperanza en tu bondad y en la de tu prójimo" - y aquella tarde ella memorizó y grabó todo eso en su mente sin ser consciente de que de este modo había construido en su interior un Dios idéntico que no era otra cosa que la palabra y encarnación de su padre, y fue necesario que él no volviera nunca más (ya al día siguiente se lo llevaron durante la redada al sótano del almacén de Lampel y luego al Danubio) para que comprendiera lo que quería decir y a que se refería cuando hablaba de <>".

Danilo Kis, Salmo 44. Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek. Editorial Acantilado, Barcelona, 2014

14 de enero de 2015

La inevitable lista de mejores lecturas del año pasado



Mal año lector, 2014. Sólo 54 libros (de hecho, un par de ellos  los acabé de leer el primer fin  de semana), de los que, por destacar 10 títulos me quedo con los siguientes (sin orden concreto):

- Pastoràlia, de George Saunders
- El bigote, de Emmanuel Carrère
- Al límite, de Thomas Pynchon
- Modo linterna, de Sergio Chejfec
- Mi Carso, de Spicio Slataper
- Un hombre enamorado, de Karl Ove Knausgard
- El padre, de Edward St. Aubyn
- 14, de Jean Echenoz

Menciones honoríficas:
- La nostra vida vertical, de Yannick García
- Es un decir, de Jenn Diaz
- Filosofar como un perro, de Michel Onfray
- Lolito, de Ben Brooks

5 de enero de 2015

Thomas Pynchon, Al límite


"¿Te has fijado - prosigue Heidi - en cómo la programación de "realidad" ha llenado de repente todos los canales por cable, como mierda de perro? Claro que así los productores no tienen no tienen que pagar la escala salarial de los actores reales. Pero, espera, ¡aún hay más! Alguien necesita que esta nación de mirones pasmados al fin ha espabilado, que todos se han curtido y están a la altura de la condición humana, que se han liberado por fin de las ficciones que los llevaban por mal camino, como si prestar atención a vidas inventadas fuera una forma de abuso de drogas malignas que el desmoronamiento de las torres ha curado al meterles de nuevo el miedo en el cuerpo a todos, sin excepción. Y, a propósito, ¿qué pasa en la otra habitación?"

Thomas Pynchon, Al límite. Traducción de Vicente Campos González. Tusquets Editores, Barcelona, 2014

1 de enero de 2015

20 de noviembre de 2014

Jo Nesbo, El leopardo

“Personalmente pienso que la capacidad de asesinar es fundamental en todo hombre. Nuestra existencia es una lucha por las cosas buenas, y aquel que no es capaz de matar a su prójimo no tiene derecho a existir. Matar es, pese a todo, anticipar lo inevitable. La muerte no hace excepciones, y mejor así, porque la vida es dolor y sufrimiento. Visto de ese modo, toda muerte es un acto de compasión.”

Jo Nesbo, El Leopardo. Traducción de Ada Berntsen y Carmen Montes Cano. Roja y Negra, Barcelona, 2014

16 de octubre de 2014

14 de octubre de 2014

César Aira, Continuación de ideas diversas



"Cómo me gustaría escribir una novela policial que se llame La monja asesina. Habría un homicidio, la investigación correría a cargo de un perspicaz detective, el grupo de posibles culpables incluiría a la esposa del muerto, a su amante, al hijo que no sabía que era su hijo, al socio, al cuñado policía y, la menos sospechosa, una monjita que recibía donaciones de caridad del difunto. Al final se descubre que, contra toda apariencia, la asesina era la monja. Fin. El lector no lo podría creer. Se quedaría mirando la última página después de leer la última línea, con la boca abierta, atónito, perplejo, sin entender nada. Trataría de encontrar alguna respuesta en las solapas, en la contratapa, hasta en el número del ISBN del libro, algún dato sobre el autor que explique esto,  y después volvería a ver la ilustración de la tapa, en la que un hábil dibujante, siguiendo mis precisas instrucciones, habría representado a la monjita vertiendo el arsénico en la taza de té, con una sonrisa malévola en el rostro ya despojado de la máscara de dulzura y sumisión con la que transitó las doscientas páginas de la novela hasta el desenlace y revelación. El lector exclamaría "¡No puede ser! ¿Será una broma?." No se explicaría como la editorial pudo consentir en algo semejante. Evidentemente el autor ha hecho valer su prestigio, porque a un desconocido jamás se lo permitirían... Terminaría poniéndolo en la cuenta de mis vanguardismos".

César Aira, Continuación de ideas diversas. Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2014.

Escuchando...

13 de agosto de 2014

2 de agosto de 2014

2 de agosto de 1914

"2 de agosto. Alemania ha declarado la guerra a Rusia. - Tarde, escuela de natación" 
Franz Kafka, Diarios.

Más.

1 de agosto de 2014

¿Quién no ha pensado esto alguna vez?

"Volví a dejar el vaso en la mesa y apagué el cigarrillo. De todos sentimientos por aquellas personas con las que había pasado varias horas no quedaba nada. Podrían haberse muerto todas en un incendio, sin que me hubiera compadecido de niguna. Ésa era una regla en mi vida. Cuando estaba con otras personas me sentía atado a ellas, la proximidad que experimentaba con ellas era inaudita, la identificación con ellas grande. Tan grande que su bienestar siempre era más importante que el mío propio. Me subordinaba casi hasta el límite de la abnegación; por algún mecanismo interior irrefrenable anteponía lo que ellos pudieran opinar y pensar a mis propios pensamientos y sentimientos. Pero en el momento en el que me quedaba solo, los otros ya no significaban nada para mí. Eso no quería decir que los despreciara o los aborreciera, al contrario, la mayoría me gustaba, y en aquellas personas que no me gustaban mucho siempre encontraba algo valioso, alguna cualidad con la que yo podía simpatizar, o al menos considerar interesante, y que en ese momento podía ocupar mis pensamientos. Pero el que me gustaran no significaba que me preocupara por ellas. Lo que me ataba era la situación social, no las personas que se encontraban dentro de ella. Entre esas dos perspectivas no había nada. Sólo estaba aquello pequeño, abnegado, y aquello grande, que creaba distancia. Y la vida cotidiana se desarrollaba entremedias. Quizá por eso me resultaba tan difícil vivirla.  La vida diaria con sus obligaciones y rutinas era algo que soportaba, no algo que me hiciera feliz, nada que tuviera sentido. No se trataba de falta de ganas de fregar suelos o cambiar pañales, sino de algo más fundamental, de que no era capaz de sentir el valor de lo cercano, sino que siempre añoraba estar en otro sitio, siempre deseaba alejarme de lo cotidiano, y siempre lo había hecho. De manera que la vida que vivía no era la mía propia. Intentaba convertirla en mi vida, ésa era lucha que libraba, porque queria, pero no lo conseguía, la añoranza de algo dfiferente minaba por completo todo lo que hacía."

Karl Ove Knausgard , Un hombre enamorado. Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Editorial Anagrama, 2014.